Alcañiz es un municipio español de la Comarca del Bajo Aragón, provincia de Teruel, en la Comunidad Autónoma de Aragón, España. Formado por el núcleo urbano de Alcañiz y las pedanías de Valmuel y Puigmoreno. Como dato demográfico, en el año 2008 poseía más de 16.000 habitantes y es, junto con Andorra y la capital de la provincia, uno de los pocos municipios que cuenta con un incremento de población notable, en contraposición a la despoblación que sufre la provincia. Es asimismo la capital y sede de la actual comarca oficial del Bajo Aragón, así como capital tradicional del territorio, más amplio, que forma el Bajo Aragón Histórico.

Historia 

Los orígenes de Alcañiz como asentamiento de población estable son difusos. Pese a considerarse el despoblado de Alcañiz el Viejo como su precedente, el poblamiento actual parece que procede de época musulmana, ya que su nombre actual proviene del árabe, quizá de Al-Qannis, que significa «las cañas o cañizos», muy abundantes en la ribera del río Guadalope que rodea con un meandro la ciudad, o quizá de الكنائس Al-Kanā’is, que significa «las iglesias».

Su origen se remonta a una antigua fortaleza romana que fue recuperada del dominio musulmán por Alfonso I de Aragón en 1119, cinco años después, el rey cedería este lugar a los hermanos Fruela y Pelayo, como punto de defensa que no tardó en perderse. Treinta años después, en 1157 el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón por su matrimonio con la Reina Petronila I de Aragón, la reconquistaría, ampliando su término para hacer frente al azote musulmán, pero no tardó en volver a perderse, hasta la segunda reconquista llevada a cabo por su hijo Alfonso II de Aragón. En 1179 Alfonso II de Aragón cedió el castillo de Alcañiz a la orden religiosa-militar de Calatrava, comenzando así una pugna que duraría siglos entre el concejo y la orden.

En 1411 fue sede del parlamento de la Concordia, creado para elegir al sucesor de la Corona de Aragón en Caspe, tras la muerte del rey Martín I «el Humano», Rey de Aragón. Gracias a este hecho consiguió el título de Ciudad de la Concordia, con la elección del Castellano Fernando de Antequera como sucesor y dando fin al Compromiso de Caspe. Que evitó una guerra civil entre los reinos de la Corona de Aragón. En 1462 sufrió las acometidas de los castellanos y catalanes sublevados contra Juan II. Participó activamente en el sometimiento de la secesión catalana de 1640, contribuyendo con hombres y dinero, por lo que Felipe IV de España como recompensa le concedió el título de «ciudad» en 1652.

El 26 de enero de 1809 se produce el «Sitio de Alcañiz», donde las tropas españolas retiradas del Cordón de Samper defienden la ciudad frente a las tropas francesas del general Wathier, con 2000 infantes, 500 caballos, 3 cañones y 1 obús, con los que cerca la ciudad. Los improvisados defensores suman 1500 hombres, en su mayoría bisoños y mal armados. Salieron a recibir al enemigo 700 paisanos, de los cuales murieron 140, de ambos sexos, en la primera acometida. Poco más tarde el francés se introduce en el casco urbano por la zona del matadero, y durante 3 horas el fuego es vivísimo entre ambos bandos, principales escenarios del combate fueron la calle Mayor y la plaza del Carmen, donde valientes defensores, como Miguel Rufí y Tomás Barreda, disparaban desde sus casas y luchaban cuerpo a cuerpo contra el invasor.

Llegados a la plaza de España desde la cuesta de la calle Mayor, los Imperiales se desperdigaron por las principales arterias de la Ciudad, como la Calle Blasco, Alejandre y del Carmen. Más de 100 vecinos muertos quedaron desperdigados por las calles ocupadas, el coste para los imperiales fue de unos 400 hombres.

Esta gesta heroica fue bien cobrada por los ocupantes: saqueos de vivendas y monumentos, destrucción e incendio de estos, asesinatos y violaciones por doquier. Durante los pocos meses que permanecieron los franceses apostados en el antiguo Castillo Calatravo. Hasta que se retiraron hacia Híjar, La Puebla de Híjar y Samper de Calanda el día 21 de Mayo ante la nueva ofensiva española comandada por Don Joaquín Blake, valiente oficial irlandés al servicio de España, cuyo valor y patriotismo fue comparable a su desdichada fortuna en las batallas en las que se batió frente al francés. Se afirma que su única victoria fue la «Batalla de Alcañiz», sucedida el 23 de mayo de 1809.

Por un lado, Don Luis Gabriel de Suchet, experimentado Mariscal Imperial y brillante estratega de 39 años. Se acerca a Alcañiz para evitar la ofensiva española que se preparaba para liberar Zaragoza del segundo Sitio, contaba con 10000 infantes, 800 caballos y 12 piezas de artillería. Frente a él se apostaba Blake con tropas valencianas y murcianas. Repartidas entre los cerros de Capuchinos, Perdiguer y Las Horcas. A la vanguardia se encontraba el General Juan Carlos Areizaga, en el cerro de Pueyos, con los infantes de Aragón.

Atacó Suchet frontalmente a Pueyos, siendo rechazado. Más tarde embiste el Cabezo Perdiguer y de nuevo Pueyos, con sólida infantería francesa y 2 compañías polacas. De inmediato Blake lanza su caballería para rodear a los atacantes, pero se retiran ante cargas de fusilería y caballería imperial. Finalmente, una fuerte columna francesa de 2000 infantes de reserva se lanza por la huerta hasta el cerro de las Horcas, vacilando en el último instante, siendo barridos por la eficaz artillería española, batiéndose en retirada hacia Samper de Calanda, dejando más de 1000 muertos y 40 prisioneros sobre el terreno, los españoles sufrieron 300 bajas, entre muertos y heridos. Y tan diezmados que no se atrevió Blake a perseguir al enemigo, camino de Zaragoza. Más tarde, las derrotas de María de Huerva y Belchite por parte de Blake, provocaron la ocupación francesa de Alcañiz, que perduró hasta 1813. Escasamente incomodadas por las guerrillas del Maestrazgo y Bajo Ebro.

Como importante nudo de comunicaciones entre Aragón, Cataluña y Valencia, sólo decir que el mariscal Suchet tuvo la ciudad a menudo como centro de operaciones, donde publicó varias disposiciones sobre el reino de Aragón, y mantuvo casi permanentemente una guarnición de 2000 hombres, sobre una Ciudad ocupada que sumaba entonces poco más de 4000 almas. Tras la evacuación se vio el alcance destructivo: destrucción y saqueo del Sepulcro de Lanuza, en la Iglesia Románica del Castillo Calatravo; desaparición de reliquias de todos los conventos e iglesias de la ciudad, salvo contadas excepciones escondidas por religiosos y vecinos; voladura del convento de Carmelitas en el barrio de Almudines, etc. Se calcula que más de un tercio del casco urbano desapareció durante la ocupación. Además de dos saqueos generales que tuvo que sufrir la ciudad. El desastre no fue menor al de Zaragoza, aunque si mucho menos conocido.

Esta huella tardaría décadas enteras en borrarse, a lo que se sumó el Sitio del General Ramón Cabrera en 1838 a manos de los Carlistas. Donde, apostando baterías en el Cabezo del Cuervo, trató de hacer brecha para penetrar en la ciudad, lo intentaron los Carlistas por el Claustro de San Francisco, en ese momento usado como Hospital. Siendo finalmente rechazados por las tropas leales al gobierno Isabelino. Aún se podían ver los disparos de este combate en las paredes del extinto claustro hace pocos lustros. Uno de los principales cabecillas de las Guerras Carlistas fue el General Manuel Carnicer, alcañizano, quien tras ser denunciado fue capturado y ejecutado cuando realizaba un viaje de incógnito, pasando el mando de los carlistas en Aragón a su segundo, José Ramón Cabrera Griñó.

A finales del siglo XIX una pequeña burguesía comenzaba a aflorar en la ciudad, fruto de ello fue la construcción del Teatro Municipal, fechado en 1890. En 1895 se hace realidad la inauguración del primer tramo del ferrocarril del Val de Zafán (32 kilómetros entre la Puebla de Híjar y la ciudad) y que en 1942 llegaría hasta Tortosa, al sur de Cataluña. En la actualidad es una vía verde de 110 kilómetros de recorrido (Bajo Aragón-Matarraña-Tierras del Ebro). Durante el primer tercio del siglo XX continuó el progreso industrial de Alcañiz, con aceiteras, fábricas de chocolates, comercios textiles, talleres de maquinaria, y muchas otras industrias.

En 1936, durante la guerra civil, fue una de las colectividades españolas más importantes llevadas a cabo por los anarquistas de la CNT. No sólo se colectivizaron las tierras, sino que se empredieron labores colectivas o recuperación de hospitales, así como la fundación de escuelas. Estas obras serían destruidas durante la guerra por las tropas nacionales (Fuente:Confederación Nacional del Trabajo)

En 1938, el día 3 de marzo, cuando la ciudad estaba bajo mando republicano, sufrió un fuerte ataque aéreo del bando nacionalista. Aviones italianos aliados del bando del general Franco, ensayaron sus armas aéreas, que más tarde utilizarían en la 2ª Guerra Mundial, tanto contra las tropas militares, como contra los ciudadanos de Alcañiz, provocando un gran número de muertos. Este acto fue silenciado, tanto por el lado nacional como por el bando republicano. Los primeros, por no mostrar cuan cruenta fue la acción; y los segundos, por no desmoralizar a sus tropas en combates. Salió a la luz recientemente con la publicación del libro “1938, El bombardeo olvidado” de Jose María Maldonado.

Patrimonio artístico

A pocos kilómetros de la ciudad se conservan las magníficas pinturas rupestres levantinas de Val del Charco del Agua Amarga, conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, junto al resto de las pinturas de Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica. Entre sus antiguos poblados destacan los de época ibérica, como El Palao o Tiro de Cañón. La mayor parte de los materiales procedentes de las excavaciones realizadas en los numerosos yacimientos de su término municipal integran la Exposición Permanente de Arqueología de Alcañiz, localizada en el Horno Nuevo de los Almudines.

Durante la Edad Media, la Orden de Calatrava —a quien Alfonso II hizo donación de un amplio territorio, en el Bajo Aragón, en 1179— se oponía a las ansias de libertad de Alcañiz, a la que Ramón Berenguer IV había concedido carta de población en 1157. Pugna en la que vencería, poco a poco, la ciudad. Los principales testimonios del Alcañiz medieval son el propio castillo, sede de la encomienda mayor que la Orden de Calatrava tuvo en la Corona de Aragón, —con su magnífico conjunto de pintura mural gótica—; la gran torre-campanario de la iglesia de Santa María la Mayor, templo que fue sede en varias ocasiones de las Cortes de Aragón y, singularmente, del Parlamento de Alcañiz previo al Compromiso de Caspe (1412); la Lonja, situada en su plaza Mayor (s.XV); la portada trasladada de la antigua iglesia de San Pedro; y el conjunto de pintura gótica en tabla (atribuido a Domingo Ram) conservado en su templo parroquial.

El poder de la propia ciudad frente a la Orden de Calatrava está simbolizado por su hermosa casa consistorial (1565-1570), construida en su plaza principal, formando ángulo con la Lonja gótica. Ambas construcciones fueron declaradas monumento histórico en 1931 (Gazeta de Madrid número 155 de 04/06/1931). Este edificio, magnífico ejemplo clasicista, evoca al gran círculo de humanistas alcañizanos de su particular Siglo de Oro: Juan Sobrarias, Juan Lorenzo Palmireno, Bernardino Gómez Miedes, Domingo Andrés, Pedro Ruiz de Moros y Andrés Vives y Altafulla, por citar los más destacados (a los que se dedica un artículo en esta obra). El siglo XVI deja también su huella en el propio castillo —con el sepulcro de alabastro del comendador don Juan de Lanuza, realizado por Damián Forment en 1537— y en las tablas conservadas en su templo parroquial atribuidas al “Maestro de Alcañiz”. Son también magníficos ejemplos del mundo artístico alcañizano del siglo XVI la iglesia de Santo Domingo —en la que se funden la tradición gótica con el nuevo lenguaje renacentista— y un buen número de edificios palaciegos.

Son numerosos los edificios monumentales barrocos: la propia iglesia de Santa María la Mayor (antigua colegial, reformada en el siglo XVIII), la iglesia del Carmen (s.XVII), la iglesia de San Francisco (s.XVIII), la iglesia de Escolapios (s.XVIII), el palacio de los Comendadores (construido en la parte sur del antiguo castillo) que hoy acoge al Parador de Turismo, etcétera.

La gran figura artística alcañizana del siglo XIX fue Tomás Llovet, escultor y director durante varias décadas de la Real Academia de San Luis de Zaragoza y autor de varios retablos de Santa María la Mayor y de una profunda reforma del santuario de la Virgen de Pueyos.

Alcañiz —además de las obras mencionadas en el breve recorrido histórico anterior— conserva otras muchas construcciones interesantes. En el ámbito religioso, por ejemplo, deben mencionarse: la ermita de Santa Bárbara (fruto de varias etapas constructivas), la ermita de la Encarnación (reedificada en 1860), la ermita de San Miguel (realizada posiblemente en el siglo XVI sobre una edificación anterior), la ermita de San Pascual (1879), la ermita de la Virgen de la Peña (s.XVII-XIX), la antigua iglesia del convento de Capuchinos (reforma del s.XIX sobre obra del XVII), la capilla de San José y numerosas capillas hornacinas distribuidas por sus calles.

Además, la capital bajoaragonesa presenta un importante número de casas palaciegas, que en su mayor parte siguen la tipología del palacio aragonés del “tardo-renacimiento”: fachada articulada en tres cuerpos o plantas, acceso a través de un gran arco de medio punto y disposición de la típica galería aragonesa en su planta superior. Este tipo de edificación se empieza a usar a finales del siglo XVI y pervive hasta el siglo XVIII. La mayoría de estas casas se concentran en la calle Mayor, en el barrio de los Almudines y en la calle Santa Pau (antigua calle de los Clérigos). En este grupo se incluirían el palacio Ardid y la casa situada en la calle Santa Pau 4 (actual sede de la biblioteca pública y el archivo municipal), la casa Maynar (sede de la Comarca del Bajo Aragón), la casa “Calandetas” (asociada a la Inquisición), etc. Son también interesantes varios ejemplos de arquitectura modernista (como las casas situadas en el paseo Andrade y la casa Taboada), los restos de su antiguo recinto amurallado (torreones, fragmentos de lienzos de muralla y portal del Loreto), diversas obras hidráulicas (como el molino Mayor y el Río Alto, la Fuente de los 72 caños, puentes, norias o balsas), sus hornos, etcétera. Es curiosa la red de pasadizos y estructuras subterráneas de la población (nevera, bodega, galerías, etc.) que hoy puede visitarse parcialmente, accediendo desde la Oficina de Turismo.

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