Beniel es un municipio de la Región de Murcia, España. Situado en la comarca de la Huerta de Murcia.

Historia 

La Historia de Beniel ha estado rodeada de varias circunstancias que la han dotado de unas características especiales.

Localidad de la Huerta de Murcia, sus condiciones limítrofes entre Orihuela y Murcia han marcado el destino del municipio a lo largo de la historia, así como también lo ha hecho su situación geográfica.

El Segura ha sido en parte responsable del devenir histórico benielense, influido por las condiciones de un suelo poco productivo y pantanoso, repleto de marjales y tierras incultivables, y al acecho de las múltiples riadas que Beniel ha tenido que afrontar a lo largo de toda su historia.

Beniel fue una población fronteriza en la Edad Media, señorío de la familia Junterón en la Moderna, y pasó por verdaderas vicisitudes y dificultades durante el siglo XIX y la primera parte del XX.

Pero este municipio asistió, gracias al teson de sus gentes, a una recuperación económica durante el último tercio del siglo XX, de la mano de la modernización de su economía y con las miras puestas en el sector agrícola y en una incipiente industria.

Prehistoria y antigüedad 

Aún con las lagunas existentes en cuanto a testimonios materiales, resulta evidente la presencia de pueblos primitivos que se asentarían en este valle para desarrollar sus actividades. Se sentían atraídos por las especiales circunstancias de un paraje como el de Beniel, donde se funden río y montaña en un escueto espacio. La prueba que lleva a esta conclusión son las huellas prehistóricas halladas en el Yacimiento Arqueológico de los Saladares, muy próximo al término municipal de Beniel.

Una punta de flecha datada en el 1700 a. C. conforma el único rastro de un pasado prehistórico mal documentado. Se trata de un objeto de tradición argárica encontrado muy cerca del paraje conocido como «El Mojón».

A la espera de nuevos y más fructíferos hallazgos arqueológicos, habrá que poner con estos restos el punto de partida al estudio de la existencia de una civilización prehistórica en Beniel.

El río ha borrado las huellas de las civilizaciones antiguas

Del mismo modo tampoco existen evidencias materiales de poblamientos anteriores al musulmán, que se asentaran en el actual emplazamiento de la villa.

Las abundantes riadas e inundaciones sufridas por esta localidad a lo largo de toda su historia se llevarían consigo cualquier muestra del pasado argárico, ibérico, romano, e incluso árabe, que seguro habitó estas tierras. La tragedia de las continuas avenidas que alteraron su territorio continuamente desde época primitiva, no será controlada hasta la construcción de la amplia red de embalses que hoy día lo apacigua.

Edad Media 

Para abordar la historia de este municipio de la huerta murciana hay que remontarse a la época de la dominación árabe, durante los siglos IX y X d. C. Es en estas fechas cuando se tiene noticias de la colonización efectiva de la zona.

Tribus musulmanas se asentarían en estas tierras atraídas por las circunstancias físicas de la zona. Beniel limita con las provincias de Alicante y Murcia, con un paisaje recorrido por el Río Segura a un lado, y por las elevaciones de la Sierra de Cristo al sur.

El nombre de Beniel procede del topónimo árabe Behahye, Benyahye o Beniaffie. Según una crónica árabe del siglo XI surgiría de los vocablos árabes benill, cuyo significado, “hijos del pacto”, respondería a una leyenda. Se cuenta que Teodomiro, para engañar a los árabes, utilizó a mujeres como guerreros. En una de las luchas mantenidas con los musulmanes consideró inviable resistir con las pocas tropas que disponía. Por lo que ordenó a las mujeres que se situaran de tal forma que hicieran pensar a los musulmanes que se trataba de un verdadero ejército. De esta forma consiguió resistir hasta llegar a un acuerdo que les fuera favorable. Se justifican así, los que opinan que Teodomiro y los musulmanes firmaron la paz en el territorio benielense.

Al margen de leyendas, el origen de la villa suele vincularse al asentamiento de la tribu musulmana Banu Yah’ya, que contemplaría las posibilidades de controlar la Cora de Tudmir.

Desde este momento y en los siglos posteriores, Beniel sería tan sólo una alquería con un débil núcleo poblacional, que subsistía gracias a la caza y la pesca del marjal.

La reconquista cristiana 

Con la toma de posiciones de la corona castellana a mediados del siglo XIII, la población autóctona, que se había ido asentando en la zona benielense en los siglos de dominio islámico, huye hacia otros lugares escapando de la reconquista cristiana.

Los nuevos colonizadores del territorio no ocuparán de forma efectiva aquél lugar, prefiriendo asentarse en núcleos urbanos de mayor importancia donde poder desarrollar sus cultivos y dedicarse a otros oficios. Estas circunstancias supusieron una recesión demográfica en Beniel. Sus tierras quedaron abandonadas o en posesión de algunos mudéjares que permanecieron en la zona.

La escasa relevancia del término municipal de Beniel quedó manifiesto, cuando Alfonso X cedió en 1250 varias alquerías situadas en la parte oriental del Reino de Murcia al restaurado Obispado de Cartagena, sin mencionar en ningún momento a Beniel. Esto conduce a pensar que la villa no tenía en esos momentos importancia significativa dentro del territorio murciano.

Una vez emprendida la labor de reconquista efectiva de la zona por parte del monarca castellano, se procedió al reparto de tierras, medida que no bastaría para repoblar este territorio.

El Tratado Torrellas-Elche: “Los Mojones del Reino” 

La situación de Beniel como zona fronteriza le otorgó un gran protagonismo en el devenir histórico de los problemas entre las Coronas de Aragón y Castilla. A su vez, contaría con todos los inconvenientes que conlleva ser frontera entre dos partes enfrentadas: las penetraciones furtivas, los robos, las incursiones, etc.

Los enfrentamientos y conflictos entre la zona castellana y la aragonesa eran continuos por la jurisprudencia de la tierra. A lo largo de todos esos años se había intentado llegar a acuerdos que supusieran el fin de la inestabilidad entre ambos reinos. En 1304 se pronuncia la sentencia arbitral de Torrellas, ante la necesidad de llegar a algún acuerdo de paz que dividiera el territorio para concluir con la confrontación fronteriza. Este pacto será ratificado un año después en el Tratado de Elche, que modificaba definitivamente las fronteras entre Castilla y Aragón fijadas en el Tratado de Almizrra de 1244. Quedarían las tierras situadas al norte del Segura para Aragón y el resto para Castilla.

Como consecuencia de esta sentencia la villa de Beniel quedó inmersa en el área castellana, y se instalaron dos mojones en la localidad, cuya ubicación marcaría una separación equidistante entre las ciudades de Orihuela y Murcia.

Estos Mojones del Reino serán un símbolo heráldico del municipio, poniendo de relieve su especial característica como localidad fronteriza de la zona. A pesar de todo, esta división no supondrá el fin de las hostilidades, y los pleitos continuaron siendo algo frecuente entre los dos reinos, ya que la separación en realidad no satisfizo a nadie.

Los mojones instalados en Beniel como símbolo del límite divisorio entre los territorios de Castilla y Aragón serán sustituidos en tiempos de Carlos III por otros de similar estructura, debido al estado de degradación en el que se encontraban los originales del siglo XIV. Los Pinochos, como se les conoce en Beniel, aún hoy siguen marcando el límite geográfico-administrativo entre la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana.

Problemas limítrofes de difícil solución 

Años después, en 1320, los encargados de vigilar la frontera para el cumplimiento de la división territorial y administrativa establecida en Torrellas y Elche, nombraron dos comisiones representantes de los concejos de Murcia y de Orihuela. Éstas, reunidas en Beniel, perseguían un acuerdo limítrofe definitivo referido al sector cruzado por el Río Segura que satisfaciera a ambas partes. Pero se omitió cualquier pacto que estableciera un tratado para aclarar la jurisdicción de los parajes más despoblados del río, situados hacia el sur. Las disputas entre ambos concejos continuarían siendo frecuentes.

El pleito entre agricultores y ganaderos

La actividad de la tierra en el municipio de Beniel siempre se había basado en una explotación extensiva de base ganadera, que se apoyaba en la presencia masiva de marjales y dehesas.

A finales del siglo XV se planeó la intención de cultivar nuevos lotes de tierras. Esta pretensión trajo consigo un fuerte enfrentamiento entre agricultores y ganaderos. Los primeros defendían la idea del amojonamiento de las tierras para ponerlas en cultivo, y los segundos estaban en total oposición a ello. Los ganaderos constituían un colectivo representado por la oligarquía concejil, que apoyaba los intereses económicos pecuarios de la nobleza murciana, por lo que se mostraron enérgicamente contrarios al amojanamiento de las tierras y a cualquier tipo de restricción de los pastizales con los que se contaba.

La disputa de intereses se prolongaría varios siglos. Se puso de esta forma en evidencia la confrontación de un mundo anclado en la economía ganadera medieval encabezado por una poderosa aristocracia, y otro que comienza a sumergirse en la modernidad y afronta las nuevas condiciones y circunstancias promovidas por la expansión demográfica de esos siglos.

Ante la negativa del concejo murciano a cultivar las tierras aptas para ello, el pleito entre los agricultores y ganaderos de Beniel fue incluso presentado ante los Reyes Católicos, quienes promulgaron una sentencia desfavorable para los primeros.

Lejos de proceder a la repartición en pequeños lotes de la tierra, la propiedad de ésta pasó en su totalidad en manos del aristócrata Gil Rodríguez de Junterón, pertemeciente a una familia de procedencia valenciana pero asentados en Beniel desde la segunda década del siglo XIV.

La familia Junterón

Tras esta decisión, la familia Junterón quedó vinculada al proceso histórico del municipio, con un patrimonio que iría creciendo por las herencias adquiridas. Hombre de gran influencia en la vida pública y religiosa de aquella época (como queda de manifiesto en la Capilla de Junterones de 1541, que él mismo mandó construir en la Catedral de Murcia), Gil Rodríguez de Junterón transfirió las tierras adquiridas en Beniel como vínculo y mayorazgo a un pariente próximo, heredadas a su vez por su homónimo Gil Rodríguez de Junterón y Agüera.

Los bienes vinculados al mayorazgo que había adquirido no le permitían sin embargo dar las tierras a censo enfitéutico, necesitando para ello una autorización real expresa. Se trataba de conseguir el permiso para llevar a cabo la cesión perpetua, o por mucho tiempo, de la tierra, a cambio de un pago anual, por lo que el dominio directo de la tierra le pertenecía al señor y el derecho útil a la persona que utilizaba y aprovechaba la finca. Con el establecimiento de estos contratos se conseguiría una mayor productividad de la tierra. La reforma que el primer señor de Beniel propuso ante el concejo en 1569, supuso la aparición de estos censos que adquirió con diferentes vecinos del término municipal.

A pesar de los contratos perpetuos que convertían a los censatarios en casi propietarios, Beniel continuó siendo un lugar de aguas estancadas muy poco productivas, donde los colonos no podían hacer frente a las obligaciones que esos contratos con la familia Junterón conllevaban.

El mayorazgo de las tierras de Beniel pasó en 1600 a Diego Rodríguez de Junterón, momento en el que Felipe III concede la jurisdicción civil y criminal del territorio. Beniel quedaría desvinculado de la jurisdicción de Murcia, lo que atrajo a nuevos colonos hasta la zona. En estos tiempos la villa de Beniel experimentará un crecimiento demográfico de cierta relevancia, y, aunque dificultados por la poca rentabilidad de las tierras, se consiguió crear espacios dedicados a trigales, moreras, vides u olivares de cierta productividad.

La huella de Molina de Junterón

A pesar de todo, habría que esperar a los tiempos de Gil Francisco Molina de Junterón para asistir al verdadero impulso de la villa, convirtiéndose en uno de los personajes más ilustres de Beniel. Fruto de su influencia fue la llegada hasta estas tierras de labriegos manchegos que estimularon el campo benielense.

Molina de Junterón comprendió que una de las mayores lacras para el desarrollo del municipio estaba en la inexistencia de un sistema de drenaje adecuado. Por ello la idea de la reapertura del azarbe mayor de Cinco Alquerías, con el objetivo de ser utilizado por todos los vecinos de las zonas colindantes, supuso un verdadero acierto. Esto lo tuvo que llevar a cabo en consenso con la marquesa de Rafal, dueña de este lugar.

Por un lado se explotaron sectores anteriormente inservibles, y por otro se recogieron las aguas estancadas de toda la zona, pudiendo ser reutilizadas en las plantaciones de secano que se habían ido expandiendo.

También efectuó una ardua labor de desecación que aumentaría la población notablemente. Los vecinos de Beniel se involucraron en las tareas agrícolas y en las relativas al negocio de la seda, aportándoles beneficios considerables. En 1690 renovó el derecho a dar tierras en censo enfitéutico, lo que aumentaría la productividad de los cultivos al estar más implicados los censatarios.

La reactivación demográfico-económica conocida por el pueblo de Beniel desde mediados del XVII, y prolongada durante la centuria siguiente, respondía también a una coyuntura favorable en toda el área Mediterránea y concretamente en el Reino de Murcia. Esta situación estaba potenciada sobre todo por la creciente demanda del cereal. Pero este auge no dejó de estar acompañado por las innumerables sequías e inundaciones que hicieron grandes estragos entre la población. Beniel vivirá durante gran parte de su historia a expensas de los caprichos de estos factores en parte ajenos a su dominio.

El marquesado de Beniel 

El 9 de septiembre de 1709 Molina de Junterón fue nombrado como marqués de Beniel. Recibió el apoyo del Cardenal Belluga, que lo presentaba como defensor de la causa de Felipe V en la Guerra de Sucesión, y también por el Concejo Murciano del que formaba parte. El marquesado conocería en poco tiempo un rápido desarrollo.

Ante la pujanza de las tierras y la nueva estructura socio-económica generada en el municipio, el segundo Marqués de Beniel, Gil Antonio de Molina, contempló la posibilidad de incrementar sus riquezas arrendando las tierras que tenía en censo enfitéutico. Disputaría estos contratos con los colonos de su padre, considerándolos nulos por el desfase entre lo estipulado en esos contratos y la realidad comarcana del momento. El pleito, prolongado durante varios años, se decantó favorablemente a Gil Antonio de Molina. En 1731 se le ratificaría la “jurisdicción civil y criminal con mero y mixto imperio”. Gil Antonio de Molina se convirtió en una de las mayores fortunas murcianas, diciéndose que con él el Marquesado de Beniel alcanzaría su cenit, pero también el comienzo de su decadencia.

En el siglo XVIII las condiciones de desarrollo de la localidad se harían visibles, manifestándose principalmente en el auge poblacional de la zona, que duplicaría sus efectivos demográficos. En los últimos años se iniciaría un proceso de estancamiento confirmado durante el siglo siguiente.

La abolición de los derechos señoriales y feudales 

La decisión adoptada en las Cortes de Cádiz de 1812 de abolir los señoríos, afectó notablemente al municipio de Beniel, cuya evolución había estado vinculada a los Molina-Junterón durante varios siglos. Su jurisdicción caería ahora en manos de alcaldes constitucionales.

Con la vuelta al absolutismo de Fernando VII, los antiguos señores fueron reintegrados, aunque se mantuvo la figura del alcalde.

Tras la experiencia liberal de la década de los veinte, en 1823 la nueva etapa absolutista no afectó a la estructura municipal. Algunos autores consideran que en estos años comenzó la organización municipal de los actuales ayuntamientos.

Las causas del estancamiento 

Beniel se sumergió en una dinámica de estancamiento y retroceso, debido a un cúmulo de factores que convergieron durante el siglo XIX.

Muchas son las causas que han sido señaladas como responsables de este hecho y que fueron afectando a la evolución benielense, arraigándose con el paso del tiempo en sus características más inevitables. Entre estos factores adversos destacan la concentración de las mejores fincas del municipio en manos de un reducido número de poderosos propietarios; las graves crisis que conoció el sector sedero, o la escasez de capitales para fomentar la modernización de la agricultura.

A estos inconvenientes se sumaron circunstancias externas tales como epidemias, inundaciones o sequías.

Tampoco el contexto político del momento ayudaría a dirigir a la población benielense hacia la incursión en una sociedad moderna. Los avatares de la contienda independentista de principios del siglo XIX; las continuas disputas entre absolutistas y liberales; los estragos de las guerras carlistas; o los sucesos del Sexenio Democrático, fueron algunos de los acontecimientos que marcaron el transcurrir del siglo XIX, y que en menor o mayor medida afectarían a la trayectoria político-económica y social de Beniel.

En un marco tan desfavorable, Beniel sufrió los efectos de una fuerte corriente migratoria que se dirigió hacia las zonas más productivas de la Región de Murcia. Las áreas receptoras eran los cotos mineros que conocieron un significativo auge en esta centuria, o bien otros países como Argelia, hacia donde se dirigió un importante caudal de población. Este despoblamiento de la zona se tradujo en serias dificultades financieras, que hicieron cuestionar el futuro del término municipal de Beniel.

Intentos de renuncia a la autonomía

Ante este panorama, las autoridades benielenses se plantearon la viabilidad de la permanencia del municipio como entidad autónoma. Fracasado el proyecto de anexión de Zeneta y Alquerías, y ante las escasas perspectivas de recuperación de la localidad, se solicitaría la extinción del Ayuntamiento de Beniel y la incorporación a la capital en 1866. Esta petición sería ratificada en 1877 y otras dos veces más en la década de los ochenta.

Huerto de la vega del Segura en Beniel

La respuesta desde Murcia fue tajante en todas las ocasiones: la incorporación a su jurisdicción pasaba por la liquidación previa de la deuda económica adquirida por el municipio con la hacienda pública y distintos acreedores. El consistorio murciano se reiteraba en sus argumentaciones una y otra vez, y no pudiendo hacer frente a la deuda, la petición benielense quedó desechada.

Nuevos aires para Beniel

En el siglo XX, los esfuerzos económicos de la localidad no desaparecieron. Beniel continuaba siendo un pueblo estancado, basado en la aparcería, donde la vida de los vecinos resultaba bastante dificultosa y precaria.

Sin embargo, en los últimos tiempos la localidad ha remontado el vuelo, empezando a salir de esa dinámica de estancamiento.

La expansión demográfica derivada del reajuste en el régimen de propiedad de la tierra y la renovación técnica experimentada han supuesto en las últimas décadas un salto hacia delante para el Municipio de Beniel.

La agricultura continúa siendo la principal actividad del territorio, pero hoy en día, con una importancia muchos menos relevante que la que tuvo antaño. Ahora se ha sumado una variada industria al desarrollo de la población de Beniel.

Monumentos

Monumentos religiosos 

  • Iglesia Parroquial de San Bartolomé

Monumentos civiles

  • Los Mojones del Reino, popularmente conocidos como «Los Pinochos», delimitaban el Reino de Castilla y la Corona de Aragón.

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