Tarragona es una ciudad y Capital del Levante de España, en la región de Cataluña. Es capital de la Provincia de Tarragona y de la comarca del Tarragonés y está a la orilla del Mediterráneo, capital de la costa Daurada y es capital del ámbito territorial (vegueria) de Camp de Tarragona y es la capital del Area Urbana del Camp de Tarragona, según el Plan territorial general de Cataluña. Cuenta con una larga tradición histórica y cultural y es destino de muchos turistas, tanto por sus playas de aguas cálidas como por su patrimonio artístico. Es junto a otras doce poblaciones españolas «Patrimonio Mundial» de la Unesco.Tarragona albergara los juegos juveniles Europeos en 2010 además de ser candidata a los juegos dels mediterráneo en 2017 y capital Europea de la cultura en 2016.

Historia

La Tarraco Romana

Con la frase Tarraco Scipionvm Opvs (Tarraco obra de los Escipiones) Plinio, a finales del siglo I d. C., hace referencia al momento fundacional de la ciudad. Este primer asentamiento romano se encontraba muy próximo a un oppidemium ibérico fundado a finales del siglo V a. C. La ciudad republicana de Tarraco fue muy posiblemente un núcleo bifocal, con el campamento militar en la parte alta y el área residencial en torno al poblado ibérico y el puerto. La presencia militar estable comportó la llegada no sólo de soldados, sino también de comerciantes y ciudadanos romanos que vieron en Hispania una tierra que les ofrecía nuevas oportunidades.

Una de las principales infraestructuras sobre las que se cimentó Tarraco fue, sin ninguna duda, el puerto, y su situación estratégica encima de una pequeña colina que permitía una visión más amplia y una defensa más fácil.

La victoria romana sobre los cartagineses y la incorporación de Hispania a la República romana aceleró el proceso de consolidación de las defensas de la ciudad, que en un primer momento eran simplemente una empalizada. Allí reunió César a sus legados durante la guerra civil contra Pompeyo, y debido a la lealtad mostrada por los tarraconenses, éste concedió a la ciudad en el 45 a. C. el rango colonial con el título de Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraconensis.

Fue durante los años 26-25 a. C. cuando Tarraco adquirió una mayor relevancia como ciudad. Debido a la presencia imperial, Tarraco se consolidó como la CAPITAL de la Hispania Citerior Tarraconensis, y recibió un fuerte impulso urbanístico, una muestra del cual es el teatro y la monumentalización del foro local.

Durante el siglo I d. C. la ciudad creció y se consolidó. El asesinato de Nerón, en el año 68, marcó el inicio de un periodo de convulsión y guerra civil en todo el imperio. Se iniciaba así la dinastía Flavia y un momento de gran esplendor para las provincias hispanas. Vespasiano les concedió el Ius Latii, en torno al año 73. A partir de ese momento, todos los hispanos fueron considerados ciudadanos romanos de pleno derecho. De esta forma, Tarraco, como capital de la Hispania Tarraconensis dispuso de dos foros: uno colonial y otro provincial. Durante el siglo II la ciudad llegó a su máxima expresión gracias a la construcción del último de sus grandes edificios de entretenimiento: el anfiteatro.

Tarraco fue objeto de las incursiones francas a mediados del siglo III. Después del siglo III, la ciudad recobró su dinamismo a partir de la recuperación general que supuso la llegada al poder de Diocleciano y de su tetrarquía desde el año 285. A partir de esta época la ciudad se revitalizó.

El cristianismo y su implantación son elementos imprescindibles para explicar la Tarraco tardía. El obispo Fructuoso y los diáconos Augurio y Eulogio, fueron objeto de persecución y muerte en el año 259. El lugar de su sepultura acabó por convertirse en el centro eclesiástico de Tarraco a partir del siglo V. Esta iglesia, emplazada en los antiguos suburbios de Tarraco y próxima al río Francolí, conllevó la construcción de otros edificios eclesiásticos como una segunda basílica, muy próxima a la primera, que disponía de un atrio y edificios agrarios vinculados a ella.

Todo este suburbio cristiano acabó por convertirse en un centro importante y dinámico de Tarraco. La documentación escrita de inicios del siglo V muestra una Tarraco que mantenía estructuras sociales complejas, en las que el obispo metropolitano era el defensor del orden establecido en un Imperio en el que Chistianitas era sinónimo de Romanitas. Cabe destacar, asimismo, la presencia en la ciudad del Comes Hispaniarum.

En el año 422, Genserico al mando de un pequeño ejército de alanos y vándalos, derrota en Tarraco a las fuerzas conjuntas romano-visigodas dirigidas por el general romano Castino. La sorprendente victoria permite a los vándalos tomar el control de los puertos del Mediterráneo ibérico, lo que una década más tarde conducirá a su control de todo el que hasta entonces fuera para los romanos el “Mare Nostrum”, su principal instrumento de ejercicio del poder. La batalla de Tarraco es el punto de quiebre que marca el comienzo de la caída del imperio romano de occidente.

Tarraco continuó siendo una de las principales metrópolis hispanas durante la monarquía visigoda hasta que el panorama cambió radicalmente con la conquista de la ciudad por los ejércitos islámicos y su incorporación Al Andalus hacia el año 713. A partir de este momento, la ciudad entró en un largo y oscuro periodo que no concluyó hasta la conquista impulsada por los Condes Catalanes en el siglo XII, que comportó el restablecimiento de la sede metropolitana de Tarragona.

Tarragona Medieval (s.XII-XV)

En 1129, el arzobispo de Tarragona, Oleguer Bonestruga, mediante un pacto feudo-vasallático, cedió la ciudad, como un principado eclesiástico, a un mercenario normando, Robert Bordet (también llamado Robert d’Aguiló), que había servido a las órdenes de Alfonso I de Aragón. El 14 de marzo de 1129, este caballero fue nombrado príncipe de Tarragona tras rendir homenaje al prelado, en calidad de defensor y protector. A partir de la infeudación del Principado de Tarragona, los normandos, comandados por Bordet, llegaron y se instalaron en la ciudad. Robert Bordet aprovechó una antigua torre romana todavía en pie, la actual Torre del Pretorio, para establecer su castillo. Se iniciaba así un primer proceso de colonización de la ciudad, dirigido sobre el terreno por Robert, pero controlado desde Barcelona por el arzobispo.

La situación en la ciudad se complicó con la muerte de Oleguer y la elección de su sucesor. En 1146, el nuevo arzobispo, Bernat Tort, un hombre de confianza del Conde de Barcelona, se estableció en la ciudad. Se iniciaba así un proceso marcado por los continuos conflictos jurisdicionales entre Robert Bordet y los siguientes arzobispos, a lo que hay que añadir la creciente injerencia condal en los asuntos de la ciudad y de su territorio.

La Tarragona de finales del siglo XII ya era un núcleo urbano plenamente consolidado que se había convertido en el centro director de un amplio territorio. En 1148 el gobierno local se había reordenado y el consejo de habitantes de la ciudad participaba intensamente en la vida urbana.

A partir de finales del siglo XII, la ciudad creció y ocupó toda el área interna del Foro Provincial. Así se mantenía, en cierta forma, la estructura arquitectónica heredada de la época romana. La ciudad del siglo XII surgió fuera del área de grandes monumentos, alrededor de los castillos señoriales. A partir de 1146 se ocupó el área del recinto de culto de época romana, un sector que tomó especial relieve con el inicio de la construcción de la Catedral en 1171, y que se convirtió en el eje vertebrador de la ciudad a partir de su consagración en 1331. El interior de la gran plaza del Foro romano se urbanizó a finales del siglo XII.

Fuera del recinto defensivo de esta primera época había tres áreas claramente diferenciadas: en primer lugar, el Corral, el antiguo circo romano, que se convirtió en un burgo extramuros con un mínimo de población y destinado principalmente a actividades comerciales e industriales. En segundo lugar, la Vila Nova que era el área que se prolongaba desde el Corral hasta el puerto y estaba destinada básicamente a huertos, cultivos, herrenales y molinos. A diferencia de la primera, no estaba muy habitada, excepto en el área del puerto y en la zona más próxima al Corral. Finalmente la huerta de Tarragona, también destinada a la explotación agraria, que se extendía a ambos lados del Francolí y llegaba hasta Riu Clar.

La expansión de la peste bubónica por toda Europa marcó el inicio de un importante periodo de recesión demográfica. La epidemia llegó a la ciudad entre mayo y julio de 1348, provocando una gran mortandad. El descenso de la población y la crisis general en que se encontraba la ciudad hizo que el núcleo urbano entrara en un importante proceso recesivo. El descenso del número de fuegos se plasmó en un número menor de casas ocupadas. A pesar de esto, en 1368 la ciudad, siguiendo las directrices marcadas por la Corona, empezaba las tareas de mantenimiento y refuerzo de las murallas de la ciudad mediante la construcción de la Muralleta o Mur Nou (Muro Nuevo), a la altura de la fachada del circo. De esta forma el área del Corral, el antiguo circo romano, quedó incorporada al núcleo urbano.

La situación política se agravó a lo largo de la primera mitad del siglo XV. Las diferencias entre la Generalidad de Cataluña y Juan II provocaron una guerra civil catalana, en la que el arzobispo se puso del lado de los realistas, mientras que el Consejo Municipal, tras un periodo de prudencia, se alió con la Generalidad.

El 17 de octubre de 1462 las tropas de Joan II llegaron a Tarragona para sitiar la ciudad. Los efectos de la guerra fueron visibles en la ciudad durante mucho tiempo. La guerra sumió a Tarragona en la más absoluta decadencia. Las defensas de la ciudad, especialmente en el sector del Mur Nou, quedaron muy deterioradas, así como las del área del Corral. La población disminuyó drásticamente y la municipalidad se declaró en quiebra. Los efectos de la guerra fueron visibles en la ciudad durante mucho tiempo.

Siglos XVI-XVIII 

La vida de la ciudad de Tarragona durante la época moderna está marcada por tres importantes conflictos bélicos. Desde el siglo XVI se construyen o consolidan fortificaciones para defender la ciudad y sus alrededores de las continuas guerras y ataques piratas. A partir de la Guerra de los Segadores y hasta mediados del siglo XIX Tarragona fue plaza fuerte, lo que comportaba que no se podían destruir las fortificaciones y se tenía que dejar un espacio delante de la muralla libre de edificios, con las dificultades que ello suponía para la expansión urbanística. Las epidemias fueron una constante en este periodo y provocaron grandes mortandades y el éxodo de la población.

La Guerra de los Segadores, en la que se enfrentaron catalanes y franceses por un lado y la monarquía hispánica por otro, se inició en 1640 y se acabó en 1659. La situación estratégica de Tarragona fue la causa de que padeciera dos importantes sitios, en 1641 y en 1644, que comportaron graves destrucciones de edificios y la consecuente postración y decadencia económica de la ciudad. El puerto padeció daños importantes y se abandonó durante mucho tiempo, por lo que el comercio se desvió hacia el puerto de Salou. La economía del Camp de Tarragona entró en una grave crisis de la que no se recuperó hasta finales del siglo XVIII, cuando se autorizó la reconstrucción del puerto y se concedió el permiso para comerciar libremente con América.

El segundo gran conflicto bélico que padeció la ciudad fue la Guerra de Sucesión (1702-1714) que alcanzó la ciudad cuando todavía no se había recuperado de los estragos de la Guerra de los Segadores. Tarragona fue defendida por una guarnición británica que mejoró el sistema defensivo con la construcción de la Falsa Braga y de otros fortines y baluartes, la mayor parte actualmente desaparecidos. Cuando Felipe V accedió al poder promulgó el Decreto de Nueva Planta, que instauraba un sistema de gobierno centralizador y absolutista. En esta nueva organización, las antiguas veguerías se reagruparon en corregimientos y nacieron los ayuntamientos, al tiempo que se jerarquizó el organigrama político, se recortó el poder de los arzobispos y se suprimió la Universidad.

Otro grave problema con el que se enfrentó la ciudad a lo largo de los siglos XVI y XVII son las epidemias de peste y los ataques piratas. La piratería en la costa del Mediterráneo provocó la huida de la población hacia zonas más seguras del interior. Para intentar controlar los ataques piratas se construyeron torres de defensa a lo largo de la costa, como la Torre de la Mora, o como el baluarte sobre el puerto natural de Tamarit, que data de 1617. Las batidas corsarias supusieron un importante tropiezo demográfico y económico para las zonas afectadas.

La iglesia, y más concretamente, los arzobispos jugaron un papel importante en el relanzamiento cultural, artístico y urbanístico de la ciudad en el siglo XVI, ya que estos religiosos, además de ser prelados, ocupaban importantes cargos políticos. Arzobispos como Gaspar Cervantes, Joan Terés y Antoni Agustín dotaron a la ciudad de una Universidad Literaria, ampliaron los límites de la ciudad amurallada hasta la actual Rambla Nova -con la construcción de la muralla de Sant Joan- y promovieron y financiaron obras y capillas en la catedral de Tarragona. Por otra parte, en la ciudad estaban instaladas numerosas órdenes religiosas instaladas que realizaban entre tareas benéficas y educativas.

La llegada del agua a la ciudad, proveniente de Puigpelat, supuso una importante mejora de la calidad de vida de la población. En este caso, también hay que destacar la contribución de la jerarquía eclesiástica al desarrollo de la ciudad, puesto que la obra fue impulsada por los arzobispos Joaquín de Santiyán y Francesc Armanya.

A lo largo del siglo XVIII, la ciudad experimentó un ligero crecimiento que se verá de nuevo truncado, a principios de la centuria siguiente, por un nuevo conflicto bélico, la Guerra del Francés.

En el ámbito artístico, a finales del siglo XVI, se produce un renacimiento del clasicismo de la mano de la Escuela del Camp, con el apoyo del arzobispo Antoni Agustín y los canónigos humanistas.

A pesar de los acontecimientos dramáticos que marcaron la época moderna, la celebración de las fiestas tradicionales continuó siendo uno de los hitos que marcaban el calendario tarraconense. Los gremios eran los encargados del séquito que salía a la calle para las fiestas de Santa Tecla, Corpus, la llegada de los reyes y la entrada de nuevos arzobispos. A mediados del siglo XVI se fundó la Confraria de la Sang, cuya relevancia social sobrepasó con creces la participación en la procesión del Santo Entierro.

Siglos XIX-XX 

El siglo XIX se inicia con un conflicto bélico de consecuencias devastadoras para la ciudad: la Guerra de la Independencia o Guerra del Francés. Tras un sitio largo y terrible para la población, Tarragona fue asaltada por el ejército francés el 28 de junio de 1811. A partir de ese momento, los franceses ocuparon la ciudad durante más de dos años, tras los cuales dejaron un rastro de miseria y hambre, agravadas por la voladura de puntos estratégicos de la ciudad que acompaño su salida, el 19 de agosto de 1813.

La recuperación económica y demográfica fue lenta, a pesar de que se eximió a la ciudad del pago de tributos entre 1816 y 1826. Con la mejoría de la situación, se reemprenderán las obras del puerto y otras que habían quedado paradas con el conflicto. Este hecho permitirá el establecimiento de comerciantes foráneos y la formación de una pequeña burguesía comercial emprendedora que hará posible la modernización de Tarragona a lo largo del siglo XIX.

En 1786 se concedió a Tarragona el permiso para comerciar libremente con América y la actividad económica se orientó hacia el comercio del vino y el aguardiente. Este hecho conllevó la expansión del cultivo de la viña en detrimento de otros productos. Con la aparición de la filoxera en Francia, hacia 1870, el cultivo se extendió de forma desmesurada, hasta el punto que se plantaban viñas en lugares poco adecuados. La ventaja de la proximidad del mercado exportador y la facilidad de transporte hacían que fuera un cultivo rentable, por lo que Tarragona se benefició mucho económicamente. Este movimiento económico motivó la aparición de una nueva clase social de obreros y menestrales, mientras que la burguesía aprovechó para invertir en diversas empresas.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, las oscilaciones del precio del vino condicionaron la economía y la demografía de la ciudad, así como su expansión urbana. En periodos de euforia se incrementó la población, se fomentaron industrias auxiliares relacionadas con la exportación de vinos y se establecieron numerosas sociedades y entidades vinculadas con este comercio. A partir de mediados de siglo, el crecimiento económico posibilitó mejoras urbanas que cambiaron la fisonomía de la ciudad.

En 1868, Tarragona dejó de ser plaza fuerte, lo que permitió la construcción de edificios y viviendas fuera de la muralla. Militarmente, las murallas ya no eran necesarias, puesto que las nuevas tecnologías de guerra habían demostrado que eran inútiles. Por otra parte, la presión demográfica hacía imprescindible la urbanización de esa zona de la ciudad. Sólo a partir de 1854, y de una manera intermitente e irregular debido a los elevados costes económicos que suponía, se inició el derribo de la muralla de Sant Joan, que permitió la urbanización y la construcción de nuevos edificios en la actual Rambla Nova y la proyección de nuevas calles, como la de la Unió, que harán posible la conexión de la Parte Alta con la Marina. La Parte Alta de la ciudad, más estática, continuó siendo el espacio preferido como residencia por la nobleza, por los eclesiásticos y también, por sectores, de los payeses y los artesanos. La Parte Baja o Marina, de nueva construcción, más dinámica, se convirtió en el lugar donde se establecerá la burguesía comercial con sus talleres y tiendas.

Las obras del puerto y del ensanche de la ciudad provocan el descubrimiento de numerosos restos arqueológicos. En esta época se pudieron salvar muchos restos de la antigua Tarraco, que sirvieron como base del primer Museo Arqueológico.

A lo largo de los siglos, la presencia del puerto fue determinante para el comercio de Tarragona. Las mejoras de la infraestructura del puerto durante este periodo permitieron la introducción de nuevas empresas y, por lo tanto, la modernización de la ciudad.

Durante el primer tercio del siglo XX se producen en el país cambios políticos y sociales que influyeron de manera determinante en la vida de los tarraconenses: la Dictadura de Primo de Rivera, la proclamación de la Segunda República y la Guerra Civil Española (1936-1939). El conflicto supuso un grave tropiezo y un retroceso en el desarrollo económico y social de Tarragona. La ciudad fue bombardeada en numerosas ocasiones, con lo que, además de sufrir un considerable número de víctimas mortales, su estructura urbanística se vio gravemente dañada con la destrucción de infraestructuras, que tuvieron que reconstruirse durante los difíciles años de la posguerra.

A finales de la década de los cincuenta algunas industrias químicas empezaron a instalarse en la zona, y en 1975 entró en funcionamiento la refinería de Enpetrol. El empuje del sector industrial también influyó de manera notable en el aspecto urbanístico y constructivo en general, ya que, el aumento de población, por el incremento de la inmigración, llevó a la creación de nuevos barrios periféricos, que se construyeron, a poniente, sobre la carretera de Valencia (Torreforta, Camp Clar, Bonavista, Icomar, Riuclar, La Floresta y la Granja) y al norte de la ciudad (Sant Salvador y Sant Pere y Sant Pau).

Tarragona pasará a ser una ciudad industrial especializada en el campo petroquímico. En estas industrias, la salida y la entrada de los productos elaborados se hace por el puerto de Tarragona que pasará a ser el segundo puerto español por volumen de toneladas anuales.

Lugares destacados

El conjunto arqueológico que forman las ruinas romanas de Tarraco fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000, con catorce lugares distintos.

El Casco Antiguo. En la parte alta de la ciudad, coincide con el antiguo Fórum Provincial de Tarraco. Está rodeado por la Muralla romana, cuya longitud hacia el siglo III a. C. era de unos 4 km. Sin embargo, en la actualidad sólo se conserva alrededor de 1 km y una puerta adovelada original. El Casco Antiguo, conocido popularmente como «Part Alta», es hoy en día una de las zonas más visitadas tanto por turistas como por autóctonos gracias a la oferta gastronómica y de ocio que éste ofrece.

El Anfiteatro de Tarraco. Del siglo I, en su interior conserva también restos de una basílica visigoda y una iglesia románica.

El mercado central. Edificio modernista del año 1915, diseñado por el arquitecto Josep Maria Pujol de Barberá.

El Balcón del Mediterráneo. Mirador situado sobre un acantilado al borde del mar, al final de la Rambla Nova. Está bordeado por una antigua barandilla de hierro forjada por Joan Miquel Guinart, en el inicio del siglo XX. Desde él se puede contemplar parte de la ciudad, el puerto, la estación, el anfiteatro, la playa y La Punta del Milagro, además de una magnífica panorámica del mar, sobre cuyo horizonte en los días claros, se puede apreciar la curvatura de la Tierra. La Punta del Milagro es también el escenario donde se celebra cada año en el mes de julio, durante seis noches, el famoso Concurso Internacional de Castillos de Fuegos Artificiales de Tarragona en el que participan importantes empresas pirotécnicas españolas y extranjeras, y que se ha convertido en el certamen de referencia del Mediterráneo.

El «Circo romano de Tarraco». Dentro del casco antiguo de la ciudad, hallamos hoy en día los restos arqueológicos de lo que fue el circo, que ofrecía carreras de carros. Pueden visitarse en diferentes establecimientos de la ciudad; así como lo que se conoce como «capçalera», la curva final del recorrido. Las «carceres», donde había la salida, se hallan bajo los cimientos del actual ayuntamiento de Tarragona, en la «Plaça de la Font».

La catedral es un exponente magnífico de templo religioso cristiano iniciado hacia el siglo XII. Su estilo arquitectónico está a caballo entre el románico y el gótico, hallando en este peculiar edificio de la ciudad una armonía sonante de estilos artísticos diferenciados entre sí, que hacen del conjunto un gran edificio digno de una sede episcopal primada.

El Portal de San Antonio es una puerta de la muralla construida en 1737, en piedra y mármol.

La Casa de la Fiesta de Tarragona es un equipamiento cultural que permite durante todo el año conocer los elementos identitarios de las Fiestas de Santa Tecla de Tarragona y su secuencia ritual, declaradas Fiesta Tradicional de Interés Nacional por la Generalitat de Catalunya y Fiesta de Interés Turístico Nacional por el Gobierno de España. Ubicada en la Vía Augusta número 4, abre sus puertas en 2007 y de manera permanente en 2008.

El Puerto de Tarragona uno de los más importantes de España.

Teatro Metropol. Arquitecto Josep M Jujol, discípulo de Gaudí.

Altar de Jesus i Maria del arquitecto Gaudí

Gastronomía 

La gastronomía de Tarragona es el reflejo de su personalidad histórica y cultural: como puerto del Mediterráneo, una parte importante de su riqueza viene del mar, que se conjuga con la rica agricultura. Se pesca en Tarragona marisco y pez azul reconocido por la Denominación de Origen de Pez Azul de Tarragona. En el Serrallo (barrio de pescadores de Tarragona), se pueden encontrar varios restaurantes que ofrecen una cocina basada en los productos frescos del mar.

Los platos más típicos de Tarragona son la cassola de romesco, el arrossejat, el arroz negro, así como el pescado a la plancha o frito. Muchos de los restaurantes que ofrecen estos platos estan situados a poca distancia del mar, lo que hace que sus platos esten hechos con pescado fresco, además de poder disfrutar de maravillosas vistas sobre el mar y del ambiente típico del Serrallo.

En cuanto a los productos agrícolas la mayoría provienen de las comarcas del interior de Tarragona. Avellanas, almendras, setas, y cítricos son también productos típicos. Merecen una citación especial y a parte los vinos Denominación de Origen Tarragona, en especial las mistelas y vinos rancios ideales para acompañar los postres. Hay que decir que los vinos de Tarragona, sin pretensión alguna de nobleza, son merecederos de estar en las mejores mesas y cumplir un buen papel.

En la Parte Alta (casco antiguo) de la ciudad muchos restaurantes se encuentran en edificios históricos que transportan al gourmet a la época del esplendor imperial o a los años de la difícil reconquista. Para completar esta ambientación histórica en el mes de mayo se celebran las jornadas gastronomico-culturales Tarraco a Taula, que ofrecen la oportunidad de catar algunos platos extraidos de recetas romanas.

En Tarragona también son típicos los bares de tapas o llesqueries, y con la llegada del buen tiempo se puede disfrutar en cualquier plaza o calle de la ciudad en las terrazad de los bares a tomar el vermut antes de comer.

Eventos y Fiestas 

Carnaval de Tarragona

El Carnaval de Tarragona se remonta a las fiestas saturnales, lupercales y matronales que celebraban los romanos. El carnaval se continuó celebrado durante todas las épocas de la historia, pese a que fue prohibido en varios momentos, pero el más relevante fue la prohibición durante la Guerra Civil que prohibía el Carnaval en todos los territorios franquistas, esta orden después se extendería a todo el territorio español. Es característico del carnaval de Tarragona la colocación de la Bóta en la plaza del ayuntamiento que indica el principio y final (cuando se queman todos los Ninots). Es también característico las ruas de Ninots i Reis (con sus respectivos séquitos), las sátiras, los saraus, entre otros muchos elementos. Y al final de la celebración la crema de los Ninots y la desfilada mortuoria de los Cremallers, i Ploraneres.

Procesión del Santo Entierro 

Se celebra entre los dias 5 y 12 de abril, durante las festividades de la Semana Santa. La Procesión del Santo Entierro es la más emblemáticas de las que se celebran en Tarragona. La tarde del Viernes Santo se hace la típica recogida de los pasos por parte de los armats (personas caracterizadas de soldados romanos). Esta procesión está documentada desde el año 1550 i declarada Fiesta Tradicional de Interés Nacional. Intervienen alrededor de unas 5000 personas y 20 pasos, la mitad de estos se cargan a la espalda.

Festival Internacional de Dixieland de Tarragona 

La semana anterior a la de Pascua: único certamen dedicado a los orígenes del jazz en España y uno de los principles de Europa.

Tarraco Viva 

Evento durante las dos últimas semanas de mayo con el que la ciudad vuelve a la época clásica, con legionarios romanos, artesanía, comida…

Concurso Internacional de Castillos de Fuegos Artificiales de Tarragona 

La primera semana completa de julio: es el certamen de referencia en el Mar Mediterráneo.

Fiestas de San Magín 

La fiesta pequeña de la ciudad, entre el 16 y el 19 de agosto.

Fiestas de Santa Tecla

La fiesta grande de la ciudad, entre el 15 y el 24 de septiembre, declarada de interés turístico nacional por el Gobierno de España y fiesta tradicional de interés nacional por la Generalitat de Cataluña.

Concurs de castells 

El primer domingo de octubre de los años pares.

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