El Cerro de Andévalo es una localidad de la provincia de Huelva, Andalucía, España. En el año 2008 contaba con 2.503 habitantes. Su extensión superficial es de 287 km² y tiene una densidad de 9,2 hab/km². Sus coordenadas geográficas son 37º 44′ N, 6º 56′ O. Se encuentra situada a una altitud de 296 metros y a 80 kilómetros de la capital de provincia, Huelva.

Historia

El 15 de junio de 1251, Fernando III concedió a la ciudad Sevilla, tras su conquista a los árabes, el privilegio de posesión sobre grandes extensiones de tierras y lugares, entre las que se encontraban «…Zufre, Aracena, Almonaster, Cortegana, Aroche, Mora, Serpa, Ayamonte, Alfayat de la Peña, Andévalo… Sotiel, Tejada…». Dos años después, en 1253, Alfonso X confirmaría el privilegio de su padre concediendo a Sevilla estos lugares y sus términos y todos sus derechos, excepto el de almojarifazgo (A.M.S.).
Cabeza y lugar de Andévalo sirvieron para denominar un extenso territorio: Campo y Cerro de Andévalo.

En 1290, un primer enclave lo configura la aldea de Castillejos.

En 1293, el rey Sancho IV ordena al consejo de Sevilla la construcción de una serie de castillos y nacen en torno a ellos las poblaciones de Encinasola, Cumbres de Enmedio y Torres.
En 1299, continúa la repoblación con la concesión de una dehesa para pastos en el castillo de Alhaje, muy cerca de la actual La Puebla de Guzmán.
En 1309, Juan García, el repartidor del rey, delimitó una dehesa boyal para uso de nuevos pobladores en la puebla de Cabeza de Andévalo. Esta dehesa respetaba las tierras de pan sembrar que Julián Pérez y sus hermanos, Miguel y Antonio, habían roturado como pioneros de estos lugares, por juro de heredad.

En 1311, Niebla puebla Villanueva de Alfayar y a partir de estos poblamientos y de la Alcaría de Juan Pérez, nacería Puebla de Guzmán.
En 1327, Vicente Yáñez, por iniciativa particular compra a Lorenzo Yáñez y su mujer Dª Romera, la Corte del Calvo en Campo de Andévalo y la pone en explotación, recibiendo una provisión de Sevilla, el 22 de octubre de 1327, dirigida al condado de Niebla.
Collantes de Terán recoge una noticia de fuentes eclesiásticas donde se dice que dos lugares de la región, El Cerro y La Nava, en 1387, están despoblados.

De todas formas, poco tiempo duró la despoblación de El Cerro, porque cuarenta años más tarde, en 1427, ya está de nuevo poblado y debió tener vida concejil, porque posee cárcel; no obstante, este poblamiento debió ser muy precario, porque en 1479, con ocasión de las guerras entre Castilla y Portugal, El Cerro, junto a otros pueblos de la Sierra, está destruido.
Para conocer documentalmente un nuevo poblamiento, ya definitivo, ha de esperarse hasta 1502, en que según los propios  vecinos son un total de «220 vecinos pecheros  con viudas y menores» (A.G.S.).

En este siglo XVI iniciarán los cerreños una larga lucha judicial por ampliar su término municipal, a la par que van consolidando sus formas de vida, sabiendo quienes y cuántos son, luchando por la administración de las tierras realengas, intentando la construcción de un pósito que les ayude a evitar calamidades, pagando sus tributos, disfrutando de un territorio colmenero… a la par que construyen su parroquial, se constituyen en hermandades religiosas, crean capellanías, levantan hospital para enfermos… y son gobernados conforme a las ordenanzas sevillanas y a los acuerdos de cabildo… y los escribanos públicos dan fe de sus noticias. Hasta fueron capaces de enviar a sus hijos a estudiar a la universidad de Salamanca.

Fiestas

Aunque sea la Romería de San Benito la que acapara gran parte del año en cuanto a celebraciones, El Cerro de Andévalo cuenta con otras fiestas de gran importancia, destacando de entre ellas la Semana Santa.

Llena de tradición, la Semana Santa de El Cerro de Andévalo parte con la Subida de la Virgen de los Dolores desde su ermita del Prado de San Sebastián hasta la Iglesia de Santa Maria de Gracia.
Tallada por D. Antonio Castillo Lastrucci, la imagen muestra la gran delicadeza de este maestro imaginero, autor de muchos de los pasos de las hermandades sevillanas.

El Viernes de Dolores es procesionada la virgen de nuevo por las estrechas calles cerreñas.

Es el Jueves Santo en El Cerro el día cumbre.
Este día, por la tarde, sale en procesión la imagen de Jesús el Nazareno, y tras de El, la Virgen de los Dolores, acompañados por sus hermanos penitentes, hasta la llegada a la Plaza de El Cristo, donde se encuentran las dos imágenes, en un acto simbólico y pleno de sensibilidad.

El Viernes Santo procesiona la hermandad del Santo Entierro, que junto a la Virgen de los Dolores, recorre las calles cerreñas desde la iglesia hasta su ermita, en el Prado de San Sebastián.
Fin de una semana de pasión, que hace esperar la explosión de alegría que se producirá el Domingo de Resurrección.

Una de las tradiciones más antiguas de El Cerro es la quema de el Judas.

El Sábado Santo, los vecinos de cada calle elaboran un muñeco de paja y ropa vieja que es colgado en medio de la calle.
Este muñeco representa a Judas, que acaba de vender a Jesús.
A la llegada de la media noche, cuando las campanas repican anunciando la resurrección de Cristo, los judas arden y son paseados en llamas por las calles, entre el jolgorio de los niños.

Culmina la Semana Santa con la Mañana de Albricias, en la que, al amanecer del Domingo de Resurrección, es procesionada la Virgen de Albricias entre salvas de cohetes, al son del tamboril que anuncia la romería, acompañada de los lanzaores.
Al término de la procesión, da comienzo el Aviso General de la Romería, convirtiendo el domingo en un día de fiesta y regocijo, de cantes y bailes, de aguardientes y dulces.

Los Reyes Magos de Oriente visitan cada año El Cerro montados en sus carrozas y seguidos de una cabalgata multicolor en la que participan todos los niños que lo desean y que construyen artesanalmente personas voluntarias, en un derroche de imaginación e ingenio, que la convierte en una de las más atractivas de nuestro entorno.

Las fiestas del verano constituyen otro atractivo al visitante. En el mes de agosto se concentran la Feria, el primer fin de semana y la Verbena de San Bartolomé, el tercer fin de semana de este mes. Ambas fiestas son la excusa para el encuentro entre los vecinos residentes en El Cerro y aquellos que tuvieron que marchar de su pueblo por diversos motivos y que regresan durante el tiempo de verano.

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