Villena es una ciudad de la Comunidad Valenciana, España. Situada en el noroeste de la provincia de Alicante, limitando con Castilla-La Mancha y Murcia al oeste. Cabeza de partido judicial y de la comarca del Alto Vinalopó, tiene una altitud de 504 msnm y su término municipal abarca una extensión de 345,6 km2. Cuenta con 34.928 habitantes (INE 2008).

Historia

El origen de Villena es algo complejo. La primera información que se tiene de ella es del tratado de los musulmanes con Teodomiro en el año 713. En este tratado se menciona una ciudad de nombre بلنتلة Blntla o también بلنتية Blntya, que pasó a llamarse بليانة Bilyana a partir del siglo XI y que desembocó en el nombre actual, Villena. Debido a su situación geográfica (es una zona fronteriza), Villena posee influencias culturales de todo tipo. La conquista de Villena a manos de los cristianos sucedió en el año 1240 y estuvo dirigida por el comendador de Alcañiz en nombre de Jaime I y de la Corona de Aragón. Pasó a manos de Castilla en el año 1243, gracias al Tratado de Almizra, creándose el Señorío de Villena. El primer Señor fue el Infante Don Manuel, hermano menor de Alfonso X el Sabio, y yerno de Jaime I. Villena fue Señorío, Ducado, Principado y finalmente Marquesado y su extensión era tal, que abarcaba parte de las provincias de Albacete, Alicante, Valencia, Cuenca, Almería y la Región de Murcia. Villena estuvo en manos castellanas hasta el siglo XIX y fue ascendiendo en los títulos que poseía. El Infante Don Manuel le dio el título de Villa. En el año 1525, el rey Carlos I le dio el título de Ciudad. Finalmente, debido a la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones, Villena apoyó a estos últimos (al rey Felipe V) en la famosa Batalla de Almansa en el año 1707. Eso le valió el título de «Muy noble, muy leal y fidelísima».

La Prehistoria

Los vestigios más antiguos hallados en el término municipal de Villena se remontan al Paleolítico Medio, hace aproximadamente 50.000 años. Desde entonces, tanto la Prehistoria como la Historia están extensamente representadas en cada uno de sus momentos.

La Prehistoria está marcada, por un lado, por la continuidad del poblamiento constatado desde el Paleolítico Medio; por otro, por la originalidad de yacimientos como la Casa de Lara, representante del Neolítico en llanura y, finalmente, por la definitiva irrupción del urbanismo en una de las principales ciudades del Mediterráneo Occidental: Cabezo Redondo, perteneciente a la Edad del Bronce. El desarrollo alcanzado en esta etapa permite que Villena aparezca con mayúscula en la Historia, ya que a esta cultura pertenece el magnífico conjunto aúreo conocido como «Tesoro de Villena».

La continuidad del proceso humano está constatada por la presencia de yacimientos ibéricos y villas romanas repartidas por todo el término.

El origen de la ciudad 

La Historia ha visto pasar íberos, romanos, visigodos y musulmanes, pero bucear en los orígenes de la ciudad es más problemático. La primera noticia que se tiene de Villena es la del tratado de los musulmanes con Teodomiro en el año 713. En él se nombra la ciudad de بلنتلة Blntla o su variante بلنتية Blntya,[4] que con la fuga de vocales propia de la escritura islámica, ha sido identificada por algunos investigadores como la ciudad que a partir del siglo XI se llamaría بليانة Bilyana,[5] nombre que dio lugar a Villena en boca de los repobladores cristianos (en su mayoría aragoneses) durante la Reconquista.

Según las fuentes escritas que se han conservado, el aspecto general de la ciudad antes de la Conquista cristiana debió ser esplendoroso: jardines en los que el agua de la antigua Laguna y de numerosos manantiales jugaría un papel predominante. En el área urbana los viajeros verían sus construcciones más sobresalientes, como los castillos de la Atalaya y Salvatierra y, probablemente, la mezquita situada en la Iglesia de Santa María.

Pactos e Influencias 

La situación geográfico-histórica de Villena ha sido siempre la de zona fronteriza. Fronteras y límites han marcado profundamente las influencias culturales recibidas, así el Reino Musulmán de Murcia tuvo a esa ciudad de jardines como límite norte, dándole también los cristianos esta condición.

La conquista cristiana de Villena, que tuvo lugar en 1240, fue realizada por el comendador de Alcañiz en nombre de Jaime I y de la Corona de Aragón, incumpliendo de esta manera pactos anteriores que dejaban a la órbita castellana esta plaza. El Tratado de Almizra en 1243 la devolvía a Castilla, creándose entonces el Señorío de Villena. Más tarde, en 1261, Castilla necesitaba de nuevo la ayuda de catalanes y aragoneses para sofocar la sublevación morisca.

Este marcado carácter de absorción de influencias diversas, castellana y aragonesa, no quedó zanjada con la creación del Señorío de Villena -cuyo primer Señor el Infante Don Manuel era hermano menor de Alfonso X el Sabio y yerno de Jaime I-, sino que posteriormente su hijo Don Juan Manuel, segundo señor y primer Duque de Villena, casó con Doña Constanza, hija del rey Jaime II de Aragón.

El Señorío, Principado, Ducado y posteriormente Marquesado de Villena se extendía por parte de las actuales provincias de Almería, Murcia, Albacete, Alicante, Valencia y Cuenca, y comprendía veintitrés localidades.

Los Títulos y las Guerras

A partir del siglo XIV se abre un largo período en el cual Villena quedará bajo jurisdicción castellana hasta el siglo XIX, y comenzará a ascender en la escala de títulos otorgadas a sus señores y ciudadanos.

Si primero obtuvo el de «Villa» de mano de los Manueles, en 1488 pasó a depender directamente del realengo y a disfrutar de distintos privilegios al apoyar contra el sublevado marqués Don Diego López Pacheco, a los Reyes Católicos. El nieto de éstos, Carlos I, le concedió el título de «Ciudad» en 1525. Se abre un período de cierta tranquilidad, sólo roto por el eterno conflicto territorial de los Alhorines, entre Caudete y Villena al filo del siglo XVI. Durante la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones, Villena apoyó a estos últimos en la figura de Felipe V, siendo el Castillo de la Atalaya una excelente plaza de armas para acabar con los fueros del Reino de Valencia en la famosa Batalla de Almansa en 1707. Esto le hizo ganar el título de: «Muy noble, muy leal y fidelisima», que hoy figura en su escudo.

Monumentos

Centro Histórico

La localización actual de Villena viene dada por la situación del Castillo de la Atalaya, ya que a su alrededor se desarrolló el poblado árabe, que se extendía en torno a la mezquita aljama, la actual iglesia de Santa María, convertida en iglesia por Jaime I. Se supone que esa desaparecida mezquita debió ser el centro cívico de la población árabe.

La población árabe debía carecer de murallas, pues según los textos, se madó cercar la ciudad una vez dominada por los cristianos, ya en mitad del siglo XIV. A lo largo del siglo XVI, las murallas, junto con el castillo, fueron objeto de sucesivas reparaciones. El núcleo cristian surge alrededor de la actual iglesia de Santiago, quedando la población árabe como un arrabal de la primera.

Del siglo XVI al XVII la población experimenta un marcado esplendor al reformarse y ampliarse las dos iglesias. La ciudad se desarrolla, por un lado, en las faldas de la Sierra de la Villa -calles empinadas, manzanas irregulares-, mientras que el verdadero núcleo de la ciudad se ubica en una zona más llana que tiene como eje principal la calle Mayor.

Villena a partir del siglo XVIII se constituye como una población alargada que asciende por un cerro dominado por la torre del homenaje de su castillo. Entre las casas de la ciudad antigua sobresalían tres torres: las de las iglesias le Santa María y Santiago y la llamada popularmente «Torre del Orejón», lugar donde se reunía en la Edad Media el Cabildo Municipal y que debe su nombre a un mecanismo de relojería, consistente en una cara con grandes orejas, que aparecía cada hora en punto. Se derribó, por insegura, en 1888.

En la actualidad esa imagen (sin, obviamente, la «Torre del Orejón») puede ilustrarse desde lo alto de la torre del homenaje del Castillo de la Atalaya.

El casco antiguo de Villena fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1968.

Castillo de la Atalaya 

El castillo de Villena, edificado por los árabes hacia el siglo XII, fue declarado «Monumento Histórico Artístico» en 1931.

Consta de dos líneas de muralla sin foso, franqueadas por torres redondas, aunque a la externa se le añade un recinto cuadrado reforzado también con torres en los vértices.

La torre del homenaje es de planta cuadrada, levantada con muros de tres metros de espesor y consta de cuatro cuerpos: los dos primeros de tapial almohade, y los dos superiores de mampostería, construidos a mediados del siglo XV por D. Juan Pacheco, segundo marqués de Villena.

Las cubiertas de las dos primeras estancias están formadas por bóvedas almohades de arcos entrecruzados, de importancia excepcional por ser, junto a las del vecino castillo de Biar, las más antiguas de su estilo en España. En el coronamiento resaltan unas pequeñas torres voladas al estilo luso-castellano.

El Castillo de la Atalaya, que hasta el siglo XV convivió con el más antiguo de Salvatierra, fue escenario de diversas luchas, tanto en tiempos de Carlos I, durante el levantamiento de los «agermanados» valencianos, como en el transcurso de la Guerra de Sucesión que entronizó a los Borbones, o, ya en el siglo XIX, durante la Guerra de Independencia contra los franceses, quienes volaron las dos magnificas bóvedas almohades arriba mencionadas aunque actualmente están totalmente rehabilitadas.

Castillo de Salvatierra

El Castillo de Salvatierra, popularmente conocido como El Castillico, se construyó sobre el siglo X y siguió en uso hasta el siglo XIV, cuando se abandonó a favor del, mayor y más apropiado para los usos a partir de esa época, de la Atalaya.

Posiblemente el castillo cumplía funciones estratégicas de vigilancia y control de la vía de paso del Vinalopó, sobre todo a la hora de conectar el Castillo de la Atalaya con el de Biar mediantes señales, como era común en la Edad Media. En la actualidad el castillo está, en casi su totalidad, reducido a ruinas, pero aun así se puede apreciar su estructura original árabe y los añadidos posteriores, y ha sido un interesante yacimiento para el estudio de la Edad Media en la comarca.

Palacio Municipal

Edificado por Pedro de Medina a principios del siglo XVI para morada de los beneficiarios magistrales del Templo de Santiago (casa abadía), fue enajenado en 1576 por el cabildo eclesiástico, y adquirida por el Concejo de la Ciudad para Casas Consistoriales.

La valoración del edificio viene dada por su carácter renacentista, de clara impronta en su fachada, en dos de sus ventanas y en el patio de doble galería con escalera incorporada.

Su construcción se atribuye a Jacobo Florentino, escultor que había trabajado con Miguel Ángel en Florencia y que, tras obrar en Granada, y Murcia, muere en Villena en 1526. Tampoco se descarta la participación de Jerónimo Quijano, continuador de aquél en la catedral de Murcia.

La portada, blasonada con el escudo de la ciudad mantenido por tenantes y enmarcado por una orla de temas zoomorfos y florales, sigue el esquema serliano de orden dórico con pedestales y frontón triangular. En el interior del edificio destaca el patio con arcos carpaneles sobre columnas toscanas, discos en las enjutas y casetones en el intradós.

En 1707 el arquitecto Cosme Carreras intervino en el edificio dejando la impronta barroca en la ventana de la fachada del frente izquierdo. Recientemente, a mediados del siglo XX, se amplió la fachada en su parte superior, restaurándose también el patio.

Fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1968.

Iglesia Arciprestal de Santiago

Comenzó a edificarse en el siglo XIV, aunque su aspecto actual data del siglo XVI. Se trata de uno de los conjuntos gótico-renancentistas más importantes de la Comunidad Valenciana.

Su planta de tres naves y sus columnas torsas, similares a las de las lonjas de Valencia y de Mallorca se pueden considerar típicas del gótico catalán, si bien adquieren aquí una mayor monumentalidad, además de ser las más antiguas construidas en un edificio religioso, posteriormente imitadas por la catedral de Orihuela.

A finales del siglo XV, con el patronazgo de la ilustre familia villenense de Medina se inicia la ampliación que abarcará todo el siglo XVI, introduciéndose en este momento los elementos renacentistas más destacados de la iglesia tal como son la puerta de acceso a la sacristía y el aula capitular, la pila bautismal y las dos ventanas del primer piso de la torre, todo ello de tradición murciana y atribuido a Jacobo Florentino y a Quijano. Destacan al pie del altar los restos de la reja labrada en 1553.

En la cara exterior del muro del ábside se grabaron dos marcas a una distancia que corresponden con la medida de la tahúlla. La iglesia fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1931.

Iglesia de Santa María 

Se levantó sobre una antigua mezquita musulmana en el siglo XVI para convirtirse en la iglesia de Santa María o del Rabal. Tiene una sola nave, que parece convertirse en tres al perforarse los contrafuertes interiores. Su cabecera poligonal no posee girola, y sus bóvedas de crucería descargan en pilares con semicolumnas adosadas que llevan grabados relieves renacentistas.

El Renacimiento también se puede observar en una puerta interior que da a la sacristía, siendo un elemento más de este estilo que está representado en el monumento y la ciudad.

La fachada está enmarcada por un pórtico barroco, mientras que la torre, exenta en dos terceras partes de su perímetro, se equipara a la de Santiago.

Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes

Este conjunto, declarado Monumento Histórico Artístico en 1976, se encuentra situado en la pedanía de Las Virtudes, llamada coloquialmente «La Virgen», que dista unos 5 km de Villena (7 km por el camino tradicional que rodea la antigua laguna). Al parecer, los habitantes de Villena, huyendo de la peste, se asentaron en este paraje y decidieron buscar la protección de un patrono, que fue la Virgen de las Virtudes.

En su construcción se advierten diversas épocas constructivas. La primitiva ermita se remonta a la segunda mitad del siglo XV, de la que quedan restos en la cripta, bajo el camarín actual. La portada de acceso al templo es de estilo renacentista. En su parte superior se abren huecos que corresponden a las habitaciones altas del claustro, y las dos ventanas del extremo de la fachada pertenecen al patronato del monasterio. El claustro es muy sencillo, los arcos de medio punto rebajados apoyan sobre pilares de ladrillo, mientras que las galerías están cubiertas. La caja de escalera se encuentra al oeste, sin guardar el eje de simetría con la portada. En su segundo tramo se bifurca en dos, dando acceso a la zona de las celdas donde, además, se encontraba la cocina, el refrectorio, etc.

Destaca en el conjunto la iglesia, a la que se accede por el claustro. Ha sido objeto de diversas intervenciones, pero su aspecto general la liga al último gótico. Su planta de tres naves separadas por pilares tiene una extraña decoración zigzagueante que cubren con bóvedas de crucería, con una ménsula en la nave central que tiene un grabado el año de 1581, posiblemente el de su consagración. El camarín, del siglo XVII, está decorado con estucos y pinturas del XVIII en los que se representan temas marianos, completando el programa los cuatro evangelistas sobre las pechinas. En la última intervención en el interior de la iglesia aparecieron una serie de pinturas que están aún por estudiar.

Casa de la familia Selva 

Es un excelente ejemplo de construcción burguesa decimonónica. Está ubicada en la Plaza de Santiago y se trata de una casa-palacio de tres plantas más una cuarta retranqueada respecto de la fachada. Su composición es totalmente simétrica, incluso en la situación del acceso. Tiene balcones de cuidada cerrajería en la planta primera y destaca el cuerpo de remate con una logia renacentista italiana.

Tras la compra del edificio por la Junta Central de Fiestas, para sede de sus instalaciones, alberga las dependencias del Museo Festero.

Casa de la familia Mergelina 

Este edificio, situado en la plaza de las Malvas, se construyó como residencia señorial a finales del XVII o comienzos del XVIII y en la actualidad se utiliza como asilo de ancianos. Se conserva la fachada barroca que muestra una composición muy cuidada, alternando rítmicamente los vanos y los macizos con los entablamentos de disposición curva, tal y como ocurre con la ventana del Palacio Municipal, obra de Cosme Carrer. El interior está muy remodelado debido a las múltiples intervenciones que se han llevado a cabo para adecuarlo a su uso actual. Ahora es una asilo de ancianos.

Teatro Chapí

El Teatro Chapí es fruto de una larga tradición teatral que tiene como máximo exponente al maestro de la zarzuela que le da nombre: Ruperto Chapí Lorente.

El proceso de construcción del Teatro se dilata en el tiempo, y abarca desde el 7 de septiembre de 1914, día que se colocó la primera piedra hasta el 5 de diciembre de 1925, día de su inauguración.

Fiel reflejo de dicha prolongación en el tiempo, será la diversidad de estilos arquitectónicos que el visitante puede percibir. Así las dos fachadas laterales y la zona de la caja del escenario guardan todavía el sabor del primitivo proyecto de José María Manuel Cortina, famoso arquitecto valenciano adscrito al modernismo historicista de vertientes neoárabes.

Sin embargo, la fachada principal, construida entre 1922 y 1923, por los arquitectos también valencianos Garín Hermanos, guardan relación con el abandono del modernismo arquitectónico y la vuelta al lenguaje clasicista, tratado con una cierta desnudez o frialdad en la escasa decoración puesta de manifiesto en la línea de balaustres y en las pilastras imbuidas en la fachada.

La diferenciación estilística del conjunto obedece a la primitiva separación funcional, pues este edificio-fachada fue el local de una sociedad de recreo, mientras que el teatro dependía del Ayuntamiento. Tras la vuelta al dominio público el Ayuntamiento de Villena procedió a su restauración, abriéndose de nuevo al público en abril de 1999.

Desde entonces ha conseguido ser de nuevo un símbolo de la ciudad, ya que en pocos años ha pasado a convertirse en uno de los teatros más activos de la Comunidad Valenciana, representando obras de calidad a escala nacional y, en ocasiones, internacional.

Plaza de Toros de Villena 

Inaugurada en el año 1924. Ésta es una de las escasas plazas de toros existentes en la provincia de Alicante. La plaza de toros de Villena se encuentra fuera de uso y en mal estado de conservación, aunque es una obra de interés por sus grandes dimensiones, su carácter macizo, su situación exenta y las características formales de su arquitectura: acceso y ventanas con arcos neoárabes apuntados, pilarcillos y aleros metálicos de último piso.[6] Por esta Plaza de Toros han toreado Antonio Ordóñez, Juan Antonio Ruiz «Espartaco», Francisco Rivera «Paquirri» , Jaime Ostos, Manuel Benítez «El Cordobés» y Miguel Baez «Litri» (padre). El día 7 de septiembre de 1959 en la Plaza de Toros de Villena estuvo presente, en la corrida de toros de los diestros Antonio Ordóñez, Francisco Antón «Pacorro» y Diego Puerta, el premio Nobel Ernest Hemingway.

El día 26 de julio de 2007 se aprobó un protocolo de colaboración entre la Generalidad Valenciana y el Ayuntamiento de Villena para su restauración.

Plaza de Santiago 

Constituye el espacio urbano de más representativo del casco histórico de Villena. Tiene un trazado bastante irregular, aunque tendente al cuadrado, y surge en torno a la Iglesia de Santiago, formando un lugar en el que se concentran numerosos edificios significativos.

Originariamente constituye el centro de la antigua población cristiana, por oposición al antiguo arrabal árabe que se concentró en la mezquita ubicada en el lugar que actualmente ocupa la Iglesia de Santa María.

Hoy en día la Plaza de Santiago se mantiene como centro cultural, social, civil, religioso, de esparcimiento y de ocio de la ciudad, al aglutinar la Casa de la Cultura, el Ayuntamiento, la Casa del Festero, la Oficina de Turismo, la Iglesia de Santiago y numerosos locales de diversión en sus alrededores. Uno de sus principales atractivos reside en el hecho de que en ella se puede contemplar la evolución de la arquitectura desde el estilo gótico de la Iglesia, hasta la arquitectura postmoderna de la Casa de Cultura, pasando por el renacimiento del Palacio Municipal y el decimonónico Museo del Festero.

Plaza Mayor

Situada junto a la calle Mayor, esta plaza sigue la tradición de las plazas mayores españolas. Urbanísticamente es el eje principal de comunicaciones entre el casco histórico y la ciudad moderna.

La primera mención que se tiene de esa plaza se remonta al siglo XIV, aunque su formación supone un proceso que se produce con el paso del tiempo, hasta alcanzar su forma actual. Originalmente fue un espacio abierto que servía como lugar de reuniones al Concejo Municipal, hasta que en 1560 éste decide edificar en el ángulo norte de la plaza el Almudí, o lugar destinado al acopio de trigo del pósito, trasladándose simultáneamente las sesiones municipales a las llamadas Casas del Tesoro, en la Plaza de Santiago.

En el siglo XVIII el Ayuntamiento adquiere unas casas situadas en el centro de la plaza para su demolición cerrando, poco después, el ángulo sur. Del siglo XIX data la fuente y alberca semicircular, así como diversas obras de embellecimiento y ornato.

La importancia de la Plaza Mayor en la vida urbana de Villena fue indiscutible, desarrollando distintas funciones administrativas y comerciales a lo largo de su historia, con una clara función de servicios y lugar de relaciones para sus habitantes. Es un espacio que necesita una intervención de rehabilitación, para que vuelva a tener el protagonismo histórico y social que ejerció durante siglos. En 1997 se iniciaron los trámites del expediente de declaración como Conjunto Histórico Artístico.

Plaza de las Malvas

Situada al oeste de la Corredera, esta plaza presenta una solución de acceso mediante calles junto a las esquinas. Se conservan edificios del XVIII, de estructura barroca, con un intenso cromatismo en los revoques de las fachadas. La edificación más importante de la plaza es la casa-palacio de la Familia Mergelina.

A pesar de las sucesivas actuaciones urbanísticas que ha sufrido, la plaza todavía conserva un cierto sabor barroquizante.

Monumento a Ruperto Chapí 

Está situado en el Paseo de Chapí y lo construyó en el año 1947 por el escultor villenense Antonio Navarro Santafé como homenaje al genial músico, también nacido en Villena.

Tras varios proyectos presentados por Navarro Santafé, el Ayuntamiento y el Ateneo Cultural «Ruperto Chapí», se decidieron por el que hoy podemos contemplar. La obra, esculpida con piedra de Monóvar y de la Sierra del Morrón, está presidida por una escultura sedente de Chapí (de parecido extraordinario), al que rodean figuras alegóricas de dos obras suyas: «La Bruja», a su izquierda y «La Revoltosa», a su derecha.

En el año 1998 y debido al notable deterioro de la piedra, ésta se sustituyó por la réplica actual en bronce, pasando la escultura original a presidir el vestíbulo del, entonces recién reinaugurado, Teatro Chapí.

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