Brunete es una población situada al oeste de Madrid, a 28 km de la capital.

Economía 

Se encuentra entre los 10 municipios más desarrollados de todo Madrid, junto con Pozuelo de Alarcón, Majadahonda, Las Rozas, Boadilla del Monte, Villanueva de la Cañada, Villaviciosa de Odón, Torrelodones y Galapagar, todos en la misma zona de Madrid, la Oeste. Brunete ha contado con una tasa de paro del 4% lo que es considerado pleno empleo, pero con la actual crisis económica, la tasa se ha elevado hasta algo más del 8%. Estos municipios están habitados por población con un nivel medio-alto en cuanto a poder adquisitivo.

Geografía

Su población a comienzos del 2009 se acercaba a los 9.600 habitantes, con una densidad de población de 192 habitantes por km². Su término municipal tiene una forma casi circular, como corresponde a su pasado agropecuario (esta forma circular da origen a que se mantenga siempre una distancia mínima al centro poblado) y el relieve es prácticamente plano, con unos arroyos incipientes que drenan hacia el oeste (hacia la cuenca del Perales, afluente del Alberche) y hacia el este, directamente hacia el Guadarrama, estos últimos, con mayor pendiente, por la mayor profundidad del cauce del río. Ese drenaje a dos aguas deja una especie de lomo aplanado por el que se ha trazado la carretera M-600, de norte a sur, y que enlaza las poblaciones de Villanueva de la Cañada con Sevilla la Nueva pasando, evidentemente, por Brunete. En otras palabras, esta carretera sigue nítidamente el interfluvio entre las dos cuencas fluviales por lo que no presenta ningún puente dentro del término municipal y, como se ve en la hoja 558 del Mapa Topográfico Nacional, tampoco cruza ninguna curva de nivel, manteniéndose siempre alrededor de los 650 msnm. Todos los arroyos que nacen en Brunete son inicialmente, unas pequeñas cárcavas abiertas por las lluvias y las aguas freáticas, lo cual debería de tenerse en cuenta para las labores de conservación que emprenda el Ayuntamiento.

Historia 

Los orígenes del pueblo, aun hoy, siguen siendo fruto de controversia y discusión. Muchos siglos han pasado y los legajos o testimonios que podrían alumbrarnos en este dilema se han perdido. Pero hay, eso sí, una historia oficial y será esta la que, por el momento y mientras no se demuestre lo contrario, contaremos.

Brunete aparece en las crónicas de la época como un modesto, aunque próspero, villorrio. Los vecinos, ya desde entonces veneran con gran devoción al Santo Cristo del Patrocinio, al que aún hoy pasean a mediados de septiembre.

Cuentan que en su fundación era puro abolengo castellano, aunque bien es cierto que en tiempos donde la Santa Inquisición practicaba con gran severidad la limpieza de sangre, todos los pueblos castellanos se enorgullecían por ser cristianos viejos, aunque tal extremo no estuviese del todo claro y hacían votos de no tener entre sus antepasados a hebreos o mahometanos.

Según ese relato, la villa, como muchas de las vecinas, sería fundada por nómadas segovianos, optando por un magnífico emplazamiento en una extensión conocida como las Brunetas. Allí comenzarán a prosperar, trabajando los productos de la cabaña merina castellana, en concreto ciertos paños oscuros denominados brunetas.

Pero llegaron los musulmanes y en su rápido avance conquistaron la península hasta la cornisa Cantábrica. Los territorios que hoy forman parte del término municipal de Brunete no fueron la excepción, pasando a manos de un sarraceno llamado «El Morillo» y que tenía su residencia en el castillo de Villafranca. Toda la zona suroeste de Madrid se tutelaba entonces, sin demasiados problemas, por las leyes musulmanas.Había pocas tropas musulmanas garantizando ese dominio, y sus caudillos solían ser tolerantes con el resto de confesiones.

Poco después el territorio fue reconquistado por las soldadescas cristianas. En 1452 se da lugar un hecho que pone bien de relieve el carácter de los antiguos brunetenses. Por entonces la comunidad, formada por 56 vecinos, andaba algo revuelta por un asunto de tierras. Un día, la campana de San Antón repica llamando a todos a concejo. En el atrio de la iglesia acordarán pedirle a Enrique IV, heredero de la corona, hermanastro de Isabel la Católica y entonces Príncipe de Asturias, la posesión de la Dehesa Boyal. Una zona de tierras fértiles e imprescindibles para acrecentar la agricultura del municipio y que aún hoy resulta un placer pasear.

Los condes serán dueños y señores del municipio hasta el siglo XVIII, cuando sus descendientes deciden transmitir sus derechos al Marqués de Francavilla. Si bien el pueblo conservará la picota de Chinchón hasta 1869. Los telares y tenerías que habían caracterizado hasta entonces al pueblo, desaparecerán, cediendo todo el protagonismo a la agricultura. Un paso que notarán, sobre todo, los bosques que rodeaban la villa, ya que muchos de ellos desaparecen.

Resulta curioso saber que en su día, en el centro del pueblo, donde hoy encontramos el Parque Luis Martín y la piscina, había una laguna de cierta magnitud. Aunque parece probable que fuese una gran charca de unos 300 o 400 pasos, más que un idílico estanque de aguas claras. Las lluvias que caían sobre el pueblo y formaban torrente por sus calles iban a morir a este marjal, asentado sobre tierras poco permeables. Brunete siempre ha tenido un gran nivel freático, tanto que en zonas de la plaza y aledaños han tenido que hacerse drenajes para evitar la humedad. Ese acuífero sumergido lo encontramos a escasos 5 o 6 metros de profundidad, facilitando la construcción de pozos. Tal abundancia de agua se hacía visible en esta balsa vecinal. Las aguas estancadas servirán de refresco para los ganados y para algún que otro vecino acalorado. Desgraciadamente y en épocas de gran calor, la humedad traerá mosquitos y estos, ya se sabe, son buenos compañeros de las enfermedades. Por lo tanto se hacen frecuentes entre los naturales los tabardillos y los dolores de costado. Algunos vecinos aún hoy lo recuerdan, pero más tarde aquel rincón acogió una escombrera que afeaba el lugar y que afortunadamente hace tiempo que desapareció.

En tiempos, el abastecimiento de agua resultaba algo complicado, estando el mejor abastecimiento a casi un kilómetro de distancia, y haciendo frecuentes las «peregrinaciones» de vecinos en su busca. El camino del agua era el que hoy llamamos camino viejo a Boadilla, por el que, en pocos minutos, se llegaba al río Guadarrama y a sus entonces límpidas aguas.

En aquel tiempo toda España sufre la revolución encabezada por los generales para derrocar a Isabel II. Son tiempos turbulentos en la capital de España que afectaran a Brunete, donde continúa el talado de los bosques y del poco arbolado superviviente. Hoy en día resulta difícil imaginarse que los campos de Brunete estuvieron en su día cubiertos por grandes bosques de encinas y algún que otro pinar.

Pero no sería esa la mayor catástrofe en el pueblo y por la que pasaría a la historia. Brunete fue testigo de una batalla durante la Guerra Civil Española, de capital importancia, llamada Batalla de Brunete. En su honor tomó este nombre la División Acorazada creada en 1943, actualmente llamada División Mecanizada “Brunete” nº 1, que es la más potente de las grandes unidades del ejército español.

Tras numerosos bombardeos, incendios y pillajes el pueblo queda destrozado. Su restauración correrá a cargo de Regiones Devastadas, una institución del régimen que dará un aire similar a todos los lugares reconstruidos. Sus señas de identidad, que son las del estado, vienen a rememorar el conocido estilo herreriano, tan acreditado en Madrid y que podemos disfrutar en el Escorial o en el Palacio Real de Aranjuez. Se caracteriza por la pureza de las líneas, con una cierta elegancia matemática y con pocos ornamentos. Vemos capiteles de pizarra y decoración geométrica formada por pirámides y esferas o bolas. Es, sin duda, un estilo clásico, poco espectacular pero limpio y elegante.

En la Plaza observaremos con facilidad esas líneas maestras que conforman el llamado estilo herreriano. En el centro quedará la fuente, que tantas aguadillas y bromas ha presenciado a lo largo de los años. En ella, una gran bola de piedra sustenta unos brazos de hierro sobre los que se asientan cuatro faroles. La plaza se asentaba en un terreno irregular, lo que obligó a poner varias alturas, salvadas con numerosos escalones. Unas obras y un aspecto que hoy en día le confieren cierta agilidad, originalidad y gracia. El suelo se parte simétrico con una inmensa cruz, en cuyo centro nace la fuente.

Junto a la Plaza, y formando un bello conjunto, se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Una larga escalinata la une a la Plaza Mayor. El aspecto que vemos hoy en día tiene poco que ver con el que formó parte del perfil brunetense en varios siglos. Pocos legajos hay que nos hablen de ella, y la mayoría de ellos están fuera de nuestro municipio. Pero sí sabemos que fue edificada en el siglo XVI y restaurada en 1772 tal y como podemos leer en una de sus portadas. Su apariencia se mantendrá hasta 1836, cuando un terrible incendio la devaste. 14 años más tarde empieza su laboriosa reconstrucción, concluyendo en 8 años. La recolecta de fondos para estas obras será larga y complicada, necesitando finalmente el apoyo de los fondos públicos. En el siglo XIX también se derrumbará la torre que le da prestancia y que podía contemplarse desde las localidades cercanas. En la torre, anterior a la restauración, puede verse que poco o nada tiene que ver con la que podemos contemplar hoy en día, puesto que su tejado circular ha sido sustituido por un techo de pizarra muy al gusto escurialense. Era conocida entre los vecinos la frialdad que se sufría entre sus muros, siendo frecuentes las corrientes de aire y haciendo de la oración un tormento y una penitencia mayor de la debida. Para evitar esa molestia quiso en su día construirse una cancela.

Las tallas que decoran su interior tienen escasa importancia y es que el verdadero patrimonio del templo fue destruido en la Guerra Civil. Pero eso sí, podemos disfrutar de algunos trabajos correctos, entre los que destacan un altar mayor dedicado a Nuestra Señora de la Asunción, encuadrado entre varias columnas. En la parte superior veremos un dosel con una imagen del Cristo crucificado y en lo alto una paloma que representa el Espíritu Santo. También encontraremos unos sagrados corazones, con las cabezas de los apóstoles Pedro y Santiago, este último como recuerdo del fin de la batalla de Brunete, que se dio en el día de Santiago y que tantos sinsabores trajo a la localidad.

Paseando por entre sus naves observamos también un altar dedicado al Cristo del Patrocinio, patrón del pueblo desde el siglo XVIII. Pero la imagen es posterior a la batalla y tan solo se guarda un brazo de la anterior. La parroquia se engalana los días 14 de septiembre, en honor al Cristo del Patrocinio, y el 20 de Enero haciendo lo propio con San Sebastián.

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