Carmona es una localidad de la provincia de Sevilla, Andalucía, España. En el año 2008 contaba con 27.950 habitantes. Su extensión es de 924 km² y tiene una densidad de 30,24 hab/km². Sus coordenadas geográficas son 37º 28′ N, 5º 38′ O. Se encuentra situada a una altitud de 235 msnm y a 30 km de la capital de provincia, Sevilla. Carmona se localiza en Los Alcores, una gran parte elevada por un cerro del resto del paisaje conocido como La Vega. Por ella pasa la A-462 que une esta localidad con Brenes. Así como la A-398 para llegar a El Viso del Alcor.

Clima 

Carmona tiene un clima mediterráneo con una primavera con precipitaciones irregulares y abundantes. Las temperaturas en esta estación son agradables, aunque al principio de la misma (Abril) pueden producirse heladas débiles. En el mes de Mayo las mínimas rondan los 8ºC y las máximas los 24ºC-25ºC. La estación veraniega es bastante larga y se puede disfrutar de bastantes horas de luz siendo algo caluroso, aunque con mínimas frescas entorno a 13ºC-14ºC. En Otoño las temperaturas medias oscilan entre una mínima de 11°C en Octubre y heladas más frecuentes al final de Noviembre y Diciembre, con precipitaciones abundantes. Las máximas se sitúan entre los 24ºC de Octubre y los apenas 10ºC de Noviembre y Diciembre, siguiéndole un invierno con temperaturas frías y frecuentes heladas debido a su altitud, con valores que en ocasiones llegan a alcanzar los -5ºC ó -6ºC de mínima. La Tª mínima abosluta registrada por la Estación Agroclimática de la Junta de Andalucía en el periodo 2000-2009 es de -9.4ºC, el 28 de enero de 2005.

Historia

Carmona fue en la antigüedad uno de los principales enclaves poblacionales del Bajo Guadalquivir. Su importancia histórica se explica por las características del medio en que se asienta. Plaza fuerte natural, la ciudad controla desde su posición estratégica las principales vías de comunicación del valle del Guadalquivir y los tres paisajes que constituyen sus fuentes de recursos: Los Alcores, La Vega y Las Terrazas.

Los Alcores son una formación terciaria de estructura triangular, que discurre en dirección noreste-suroeste entre las poblaciones de Carmona y Alcalá de Guadaíra, alcanzando en la primera de ellas su máxima elevación (257 msnm) y menor anchura (2 km) Esta formación aparece delimitada por su lado norte por los depósitos aluviales del Guadalquivir que forman las terrazas, por la llanura aluvial del Corbones, al Este, por la Vega, al Sur y por el Guadaíra, al Oeste. Las distintas capas geológicas que componen Los Alcores constituyen una importante fuente de recursos de materias primas. En la base de esta formación se encuentran margas azules y grises que se han utilizado tradicionalmente para la fabricación de adobes y en alfarería. En la superficie, afloran las calcarenitas que determinan la configuración física y estructural de esta región; son calizas detríticas que se presentan como un conglomerado de restos fósiles muy fragmentados unidos con cemento calcáreo. La porosidad de esta roca permite la filtración de las aguas creando un manto freático importante cuya profundidad y espesor varían según la zonas. En Carmona el acuífero se encuentra entre 10 y 15 metros de profundidad y tiene un espesor inferior a los 10 metros. Las calcarenitas se han explotado siempre como canteras para materiales de construcción, tanto piedra como tierra -albero- para pavimentos.

La descomposición de las calcarenitas da suelos de escasa profundidad, fácilmente erosionables y de productividad moderada. Actualmente la vegetación espontánea – encinas, acebuches y matorrales – ha sido substituida en gran parte por cultivos de agrios, de olivar y de labor intensiva, sobre todo, pero parte del territorio está destinado también a pastizales para alimentación de la cabaña ganadera.

La Vega de Carmona es una llanura limitada por los ríos Corbones, al noreste y Guadaíra, al sudoeste, formada por suelos vérticos desarrollados sobre arcillas que se cuartean al resecarse en épocas áridas y se esponjan en las húmedas. El acebuche constituye la vegetación clímax, pero prácticamente ha desaparecido a causa de la intensa explotación agrícola a que ha sido sometido este paisaje. Más del 80% de sus tierras se dedican hoy en día a cultivos de secano, sobre todo trigo y girasol.

Las Terrazas se escalonan a lo largo de unos 20 km entre las colinas de Los Alcores y las orillas del Guadalquivir en su confluencia con el Corbones. La capacidad agrícola de los suelos en esta región es muy baja, por lo cual resulta poco rentable su utilización para el cultivo de cereales y por ello se han dedicado principalmente a olivar, aunque aprovechando los canales de riego del Guadalquivir se dan también cultivos herbáceos.

La disponibilidad de agua, que brota en distintos puntos y de pastizales en los tres paisajes citados, hacen de Los Alcores una región con buenas condiciones para el desarrollo de la ganadería.

Junto a la abundancia de recursos naturales hay que valorar también las ventajas de la situación de la ciudad en relación con las vías de comunicación del valle. El Guadalquivir vertebra sin duda todo el territorio. Discurre hoy a unos 15 km al noreste de Carmona; en la antigüedad distintos caminos facilitaban la relación entre la ciudad y el río. Algunos investigadores aceptan que el Corbones, que fluye por la Vega al Este de la población, podría remontarse desde su confluencia con el Guadalquivir hasta el lugar conocido como Villar Tesoro, y posiblemente, hasta muy cerca de Carmona. El Port (us) Carmo (nensis), documentado en un ánfora del Testaccio, se ha localizado normalmente en Guadajoz, a 14 km de Carmona, pero podría estar emplazado sobre el Corbones.

Además, la población se levanta junto a la principal vía de comunicación interior de la región, que discurre entre Cádiz y Cástulo, sin duda un camino cuyo origen remonta, al menos, a principios del I Milenio a.C., cuando se configura la que con el tiempo se consolida como red viaria básica de la región. La Vía Augusta sigue el trazado de este camino antiguo que en parte se perpetúa hasta hoy en algunos tramos de la Nacional IV. En época romana la vía entraba en Carmona por el camino del Quemadero – hoy Calle de Jorge Bonsor -, salvando en línea recta el reborde del Alcor. Atravesaba el cementerio y el arrabal y entraba en la ciudad por la Puerta de Sevilla hasta la de Córdoba, por donde volvía a salir en dirección a Écija. Antes de cruzar el Genil, este camino confluía con los que, arrancando desde el Estrecho y Malaca, llevaban igualmente a la capital cordobesa, pero a la vez, comunicaban con Hispalis a través de la campiña y con Los Alcores por un camino que sigue el curso del Corbones desde su cabecera. Caminos secundarios facilitaban la comunicación de Carmona con las poblaciones situadas al otro lado del Guadalquivir y con los restantes asentamientos de Los Alcores.

Carmona se erige en el extremo nororiental de los Alcores, donde éstos tienen su máxima altura. Se localiza sobre una meseta polilobulada delimitada al Este, Norte y Sur por un corte abrupto con valores de pendiente que oscilan entre el 50% y la vertical, mientras que por el lado occidental la pendiente es más suave y, por tanto, es el lugar más vulnerable del yacimiento. Al interior, la meseta asciende suavemente en sentido oeste-este, partiendo de 218 msnm en la Puerta de Sevilla y culminando en el Alcázar de Arriba a 257 msnm.

La superficie del casco histórico presenta un relieve condicionado por cinco elevaciones, cuyas confluencias de vertientes marcan los pasos practicables para el acceso de la ciudad, y dos profundas vaguadas que han ejercido históricamente el papel de colectores de la meseta.

La elevación más alta se corresponde con la ubicación del Alcázar del rey D. Pedro, situada al Este de la ciudad y que alcanza una cota máxima de 257 msnm. Al noreste y a modo de espolón aislado se erige una meseta que en tiempos estuvo ocupada por el Alcázar de la Reina y que culmina a 233 msnm. Estas dos elevaciones enmarcan un estrecho paso defendido por la Puerta de Córdoba.

Al sudeste de la ciudad se alza el Mirador a 246 msnm. Su vertiente oriental confluye con la del Alcázar de Arriba en el lugar donde se situaba la Puerta de Marchena, mientras que a occidente delimitaba junto al Picacho el acceso de San Mateo.

El Picacho, al Sur, es la segunda elevación de la meseta con valores que alcanzan los 247 msnm. Su forma triangular está delimitada en sus costados por cortes verticales mientras su vertiente interior desciende suavemente hasta desaguar en San Bartolomé, formando así, junto a la elevación de Torre del Oro, la depresión en la que se sitúa el complejo defensivo del Alcázar y Puerta de Sevilla.

La última de las colinas se localiza en el lado oeste y tiene su cumbre en la confluencia de las calles Torre del Oro y José Arpa con 239 msnm.

Las vertientes interiores de estas elevaciones determinan la existencia de dos vaguadas que drenan la meseta. Una que vierte al Norte, el Albollón, y la otra, San Bartolomé, que lo hace al Suroeste. Ambas forman la depresión por la que actualmente discurre el eje vertebrador de la ciudad histórica entre la Puerta de Sevilla y la de Córdoba.

Las características generales de la topografía actual del yacimiento nos van a servir de partida para la reconstrucción de la configuración física originaria y su evolución, basándonos en los datos obtenidos en las intervenciones arqueológicas. Las principales transformaciones, junto al aumento de cotas más o menos intenso debido a la generación de depósitos por las actividades humanas de habitación, se pueden concretar en la colmatación intencionada de las depresiones internas de la meseta. Así hoy sabemos que las depresiones del Albollón y la de San Bartolomé estaban prácticamente unidas, con la divisoria de aguas a mediados de la calle Prim, y separaban el yacimiento en dos zonas. Su colmatación se hace evidente a partir del siglo I d.C. en la que ambas se habían convertido en vertederos programados. La otra área de actuación se centró en las dos depresiones que, actualmente colmatadas, delimitan el flanco occidental del casco histórico, y que originariamente tenían pendientes más acusadas. Esta colmatación estaba evidentemente planificada para facilitar el acceso por la Puerta de Sevilla una vez que las razones defensivas habían perdido peso, por lo que debió iniciarse ya en época moderna.

Junto al fenómeno debido a la mano del hombre que provoca la suavización del relieve interno de la meseta y al deseo de ganar terreno colmatando las vaguadas, hay que tener presente el proceso de signo contrario que afecta al perímetro de la ciudad. El perfil abrupto que la meseta presenta en su contorno, junto a las propiedades mecánicas del substrato geológico han provocado una continua erosión y desprendimientos que han ido restando superficie al yacimiento, lo que se traduce además en una pérdida de información arqueológica. La intensidad de este fenómeno es difícil de cuantificar, aunque puede servirnos de indicador el hecho de que gran parte de la cerca defensiva medieval y la práctica totalidad de la romana hayan desaparecido.

Economía 

La economía contemporánea preindustrial, sustentada en el cultivo de la trilogía mediterránea -olivo, girasol y trigo-, se ha venido apoyando en una estructura social muy cerrada, derivada directamente de como se distribuye la propiedad de la tierra: grandes propietarios nobiliarios y eclesiásticos, arrendatarios de tierra y minifundistas junto a un mayoritario grupo de jornaleros agrícolas que alternan las labores del campo con actividades de economía de subsistencia casi depredadora.

El sector secundario se dedica a la producción de manufacturas artesanales destinadas a cubrir las necesidades más perentorias de la población y a la fabricación de utillaje agrícola para la producción agraria. Una amalgama de oficios varios, compone el sector terciario o de servicios, donde se juntan individuos del más alto estrato social: clérigos, profesionales liberales…, junto a arrieros, criados y otras personas de baja extracción social.

En el siglo XIX, tras la desamortización de los bienes eclesiásticos, la propiedad de la tierra sufre algunas transformaciones. Si la Iglesia vio sus bienes confiscados y vendidos en pública subasta, la nobleza, en palabras de Cruz Villalón «incrementó su patrimonio territorial en nuestra ciudad». A la vez, un grupo de grandes arrendatarios de las propiedades eclesiásticas y nobiliarias serán compradores de bienes desamortizados, dando lugar a unos nuevos propietarios que conformarán la llamada «burguesía agraria».

El grupo poblacional mayoritario seguía siendo el de los jornaleros, afincado fundamentalmente, desde el siglo XV, en el arrabal de San Pedro. Sus condiciones de vida, tras el periodo desamortizador, habían empeorado como consecuencia de la pérdida de los terrenos comunales.

La enajenación de los bienes de la Iglesia proporcionó a Carmona su primer mercado estable, aprovechando el enorme espacio que ocupara el convento de Santa Catalina; para ampliar la cárcel, se aprovechó el de San José y para emplazar el primer cementerio extramuros de época contemporánea se tomó el convento de Santa Ana, prohibiéndose estrictamente en 1840 los enterramientos en las parroquias. La falta de presupuesto salvó a la Puerta de Sevilla de la piqueta y de la mentalidad racionalista en exceso, que veía a las ciudades ahogadas en sus murallas.

En la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX, Carmona alcanza cierto grado de industrialización. Se crean las primeras industrias relacionadas con la transformación de productos agropecuarios: fábricas textiles, oleícolas, panificadoras, harineras, jaboneras, etc.

El ascenso de una pequeña burguesía ilustrada a los puestos de poder local y los frutos del pensamiento de la Ilustración heredado del siglo XVIII, dieron como resultado la creación de sociedades culturales -como la Sociedad Arqueológica de Carmona- e incentivaron a un nutrido grupo de eruditos, imbuidos de una mentalidad ilustrada, que filantrópicamente donaron sus obras o propiedades a la ciudad, destacando entre ellos nombres tan conocidos como Bonsor, Fernández López, Domínguez Pascual, Vega Peláez…

El XX es el siglo en los procesos urbanísticos se aceleran. El crecimiento demográfico desborda a la ciudad, que crece hacia el Suroeste, poblándose los alrededores de San Antón. Para la gran expansión vino con el auge demográfico de los sesenta y la necesidad de vivienda de los 28.000 habitantes de entonces. Nacen el barrio de la Guita, las Barriadas Virgen de Gracia y de la Paz y se ocupan Villarrosa, el Quemadero de San Francisco y la Calera de Benítez.

Lugares destacados

Si algo singulariza a Carmona es la cantidad y calidad de su patrimonio histórico así como la armonía y buen estado de conservación en general del caserío. Según la Base de Datos de Inmuebles del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Carmona, además de ser Conjunto Histórico desde 1963 y tener declarada Zona Arqueológica al Museo y la Necrópolis Romana, cuenta con 561 yacimientos arqueológicos localizados en su término municipal, 57 elementos inventariados, de patrimonio etnológico sobre todo hacienda y cortijos y 15 inmuebles declarado o incoados Monumento.

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