Ceuta es una ciudad española y europea en el norte de África. Estribo de un imaginario puente que une dos continentes; abrigo natural en medio del Estrecho de Gibraltar, en el que se unen las aguas del Atlántico y el Mediterráneo, es asiento natural de pueblos y culturas diferentes.

Es, precisamente, ese carácter de ciudad abierta al mundo lo que la ha hecho que actualmente vivan en ella europeos, africanos y asiáticos. Se mezclan así las culturas e idiosincrasia de cristianos, musulmanes, hindúes y judíos como principales comunidades de esta población cosmopolita, que tiene como señas de identidad el respeto y la convivencia.

Además, sus dimensiones, su equilibrio entre zonas urbanas y boscosas , sus playas y su maravilloso clima, la hacen un magnífico lugar para visitar y disfrutar. Unos parajes para admirar ya que, en pocos sitios, puede verse al tiempo las tierras de tres naciones y dos continentes; así como un patrimonio cultural en el que cabría destacar sus fortificaciones militares.

Como llegar

La singular situación geográfica de Ceuta, hace que las comunicaciones con las demás ciudades españolas, sean por mar o aire.

Los medios de transporte son buques rápidos que parten desde el puerto de Algeciras o helicópteros desde el aeropuerto de Málaga 

Historia

Antiguedad

La historia de Occidente comienza en el Mediterráneo, en el Mare Nostrum, al cual se han asomado y asoman sus ciudades más antiguas, llenas de episodios misteriosos y enigmáticos. Así se nos narra en relatos mitológicos, a través de la literatura y la historia.

Ese Mar Interior, en el que se miran Europa y África, tuvo durante siglos una sola salida, el Estrecho, catorce kilómetros que separan las costas de Europa y África, en las cuales se encaran, frente a frente, Gibraltar y el Hacho de Ceuta, Escila y Caribdis, para Homero, las míticas columnas de Hércules.

En la antigüedad, el mar era la vía más rápida de comunicación con la que contaban. En su derredor surgían las ciudades más prósperas y por él penetraban todo progreso material e ideológico.

Los primeros navegantes que se aventuraban al fin del munco conocido, sabían que su pórtico se enmarcaba con las míticas Calpe y Abyla, y que ésta última, la más meridional, tomaba la forma del Elephas, el elefante citado por Estrabón. Luego, circunvalando el Hacho, se abría la acogedora bahía en la que más tarde se insertará Ceuta, como una perla en su concha de nácar, la perla colocada entre el pecho y la garganta del mundo, que cantó el poeta. Al fondo la silueta pétrea de Atlante, el monarca petrificado y condenado a sostener con su cuerpo el peso de la bóveda celeste.

Lejos de los relatos legendarios, la arqueología nos ha deparado, en los últimos años, un hallazgo de enorme importancia: el abrigo y la cueva de Benzú. El equipo director de la excavación ha anunciado ya que puede datarse con una antigüedad de 300.000 años, ofreciendo una nueva interpretación sobre la comunicación entre África y Eurasia. Es decir, que la demostración de que el hombre del Neanderthal atravesó el Estrecho daría una nueva interpretación al poblamiento de Eurasia.

Del mismo modo, la arqueología nos encauza a encontrar el origen de Ceuta en los fondeaderos que sus costas ofrecieron a los navegantes púnicos, y para los que algunos hacen de la Odisea derrotero primitivo. La sistemática prospección que realizan los profesionales ha dado como resultado el hallazgo de un poblamiento púnico en las inmediaciones de la actual Catedral ceutí, que fechan en el siglo VII-VIII antes de Cristo, lo que nos sitúa como una de las poblaciones más antiguas de Occidente.

Heredada por Roma la antigua factoría púnica, el establecimiento se convertía en una urbe industrial, con una evolución importante entre el II antes de Cristo y el IV después de Cristo. Fruto de las actividades marítimas de aquellos lejanos tiempos, el Museo de Ceuta ofrece hoy las piezas con las cuales se reconstruyó el ancla antigüa, y una colección de ánforas que pueden reputarse como de las mejores de la museística internacional.

En Roma está el origen de nuestro mundo, las raíces de la convivencia cultural, multiracial, ecuménica e interétnica. Bajo su dominio África y Europa formaron un sólo imperio. El Estrecho es enconces vía de comunicación y no frontera. Las provincial del norte y del sur son iguales: Occidente.

Nuestro actual territorio se puede dividir en cuatro partes: en el centro el istmo, la parte más estrecha, amurallada al norte y al sur; limitada por dos fosos – seco, el de Almina y navegable, el Real- el este y el oeste. La Almina es una península, que va ganando en altura para acercarse al Hacho, separada por la cortadura del valle. El campo exterior es la zona continental sobre la que creció la urbe en momentos expansivos como el actual. El Hacho, el punto más alto que siempre fue faro en el mar y atalaya para divisar la tierra, al otro lado de la población.

En el istmo aparece el primer núcleo de población, que luego se irá extendiendo hacia el este, con el surgimiento de diferentes instalaciones de salazón, y que limita a esta parte con la basílica paleocristiana del siglo IV, descubierta en las proximidades del foso de Almina y, al oeste, la necrópolis de las Puertas del Campo, hallada en las inmediaciones del Otero, fuera de las fortificaciones exteriores.

Lentamente estamos descubriendo una población romana industriosa y exportadora de sus productos, de sincretismo religioso demostrado en los restos de prácticas cristianas y de culto a Isis, con ajuares domésticos cosmopolitas y donde la moneda corriente no se limitaba al entorno. Incluso en lo funerario se han hallado sepulturas de muy diversas tipologías, pasando por enterramientos en ánforas y tégulas, así como sarcófagos marmóreos como el llamado «De las Cuatro Estaciones».

Poseída cuando no arrasada, por los vándalos y luego por los visigodos, su historia como ciudad comienza en el 534, al ser ocupada por los bizantinos que la fortifican y guarnecen, nombrándola Septon, de cuyo nombre derivarán los datos en las fuentes: Hepta Adelphoi, Septem Fratres… Entra entonces en la historia documental, en las fuentes, y se habla de una basílica y un obispo propios.

Púnicos, romanos, vándalos, visigodos y bizantinos son historia común al norte y al sur del Estrecho. Una historia de afectos y temores, de unos pueblos sobre otros, que tienen su eclosión en el inicio del siglo VIII, con la llegada del Islam.

Epoca Medieval

Nuestro pasado islámico comienza antes que el de la Península, aunque finalice, también, con anterioridad a poblaciones del antiguo reino granadino como Málaga, Almería o Granada. El momento en el cual el impulso musulmán llega a nuestras puertas se fecha en el 709, para preparar un desembarco sobre la orilla opuesta que se producirá dos años más tarde. Debió ser una fuerza imparable a la que Ceuta, como Tánger, se rindieron sin demasiadas esperanzas, y que dieron por resultado la gestación de la leyenda del Conde D. Julián, tantas veces cantada en romances antiguos.

Los siete siglos que se abren entonces no serán mucho menos monolíticos, serenos y placenteros. En aquel período, como en casi todas las Épocas de la historia, se convivió y se combatió; se vivió en una palabra. Una imagen que está muy lejos de la almibarada visión de Al-Andalus, acuñada por la novela histórica al uso, como del lujo principesco de la pintura africanista.

Tras la pacífica entrada de los guerreros de Ali, los invasores del Califato de Damasco la arrasaron en el 740, siendo reconstruida años más tarde por los gomaris del entorno, quienes se sometieron al imperio de los Idrisíes, dueños de casi todo el norte de África.

Abderrahman III tomó Ceuta en el 931 para el Califato Omeya de Córdoba, y así se vuelve a la dependencia peninsular, rota con la autoproclamación de la urbe como Taifa independiente, entre 1061 y 1084. Este intervalo de autogobierno de Sebta, finalizará con la invasión de los almorávides, que continuarán atravesando la península ibérica hasta llegar a Aragón. Es el momento de Yusuf ben Taxufin, de la instalación de su corte en nuestra ciudad y del nacimiento en ella de su hijo y sucesor, Alí, en cuyo reinado nacería también en Ceuta el geógrafo Al-Idrisis.

Algo más de medio siglo después, son los almohades quienes se asoman al Estrecho, conquistan la población y luego saltan sobre la península. Alcanza entonces nuestra medina sus mejores momentos, conviviendo con la avanzada sociedad islámica, comunidades judías y cristianas, esta última formada por mercaderes aragoneses, marselleses, genoveses…; ambas tenían su residencia en arrabales y fondaqs en los cuales comerciaban y practicaban su religión pacíficamente y sin ostentación.

Sabemos, no obstante, que los almohades no siempre fueron tan tolerantes, así por ejemplo en 1147 se produce una revuelta en la Medina Sebta que llevará al poder al célebre Cadi Iyad, uno de los juristas más reputados del mundo medieval. Es más, en ocasiones perseguían a los judíos, a los que confinaban en mellahs, y se producían casos de martirio de misioneros franciscanos, como los dos efectuados en Marraquech en 1219 y 1232 y el de San Daniel Fassanella y sus compañeros en la Ceuta de 1227, por lo que años después serían proclamados Patronos de la Ciudad.

El mandato almohade fue, sin duda, de los más revueltos, sometiéndose Ceuta en 1231 al Rey de Murcia, interviniendo a su favor una escuadra de Génova denominada de los Calcurinis y volviendo a declararse Señoría Independiente entre 1232 y 1237. Después de una corta transición, se hacen con el control local los azafíes, a quienes los encontramos alineados, ora con los benimerines -el sur- ora con los nazaríes -el norte- y teniendo como fiel de la balanza los pactos que con unos y otros hacen y deshacen los monarcas aragoneses del siglo XIII y XIV.

La imagen de ciudad cosmopolita de los almohades dejará paso a otra, culta y refinada, descrita con entusiasmo por el último cronista local meriní: Al-Ansari. Sin embargo, el declive político y dinástico la arrastrará en su caída siendo incapaz de resistir el ataque lusitano y dando a los conquistadores una visión de urbe decadente, mal poblada y mucho peor defendida, cuyo estado mostraron los espías lusos en la preparación de la conquista, corroboraron en su ataque los asaltantes y ofrecen los grabados de la época en sus representaciones.

De forma similar a como se produjo la invasión islámica, de sur a norte del Estrecho, y se repitió una y otra vez durante setecientos años, la reconquista ibérica vuelve a salvar el vestíbulo del Mediterráneo, ahora de norte a sur, y se toma Ceuta, de la mano de Portugal.

Dominación portuguesa

Fue conquistada por una armada a cuyo frente venía Juan I de Portugal, el 21 de agosto de 1415. Las crónicas medievales nos hablan de razones religiosas y caballerescas para justificarla, mientras que autores más modernos se fijan en las necesidades de expansión, de interrupción de las rutas de oro, marfil y especias que venían del interior de África; el situar un punto de socorro a las naves que transitaban el Estrecho y constituir una base para acabar con la piratería que reducía sensiblemente el volumen del tráfico de mercancías que salían del Mediterráneo al norte de Europa.

Juan I de Portugal, permaneció en Ceuta hasta el 2 de septiembre de aquel mismo año, fecha en la cual dejó al mando de la Plaza a D. Pedro de Meneses y con él las bases para su gobierno. He aquí la razón por la que la Asamblea de la Ciudad Autónoma consensuó este día, 2 de septiembre, como el más apropiado para celebrar nuestra festividad institucional.

Meneses organizó, con los efectivos que dejó el monarca, compañías de infantería, caballería y marina, que son el origen de nuestra guarnición; con los caballeros un consejo consultivo, que luego fue Cámara, Ayuntamiento y hoy es nuestra Asamblea; con los más eficientes hidalgos se sirvieron los puestos de Juez, Veedor, Escribano, Tesorero…; y con los profesionales el Hospital del Infante y la Botica, entre otros servicios. Tampoco se descuidó la vertiente espiritual y pronto se afincaron las comunidades de Franciscanos y Dominicos en sus respectivos conventos, nacieron templos y cofradías y, desde 1421, hubo Obispo, Catedral y Cabildo para regir esta última. Ni siquiera olvidó el Rey el socorro exterior, que encomendó a la Orden de Cristo, cuyo Gran Maestre sería desde muy pronto el Infante D. Enrique -verdadero motor de la conquista- ni los símbolos: En las murallas quedó tremolado el Pendón Real y la Bandera de Lisboa. Del primero procede nuestro escudo, que con ligeras variantes es el del reino lusitano, adoptándose la bandera de San Vicente como la de Ceuta y, junto a ellos el áleo, bastón de nudos con el que D. Juan confirió el mando de la Plaza a Meneses, hasta hoy, en las manos de la Virgen de África, simbolizando su gobierno. Se trata de la misma imagen que nos enviara D. Enrique hacia 1418.

Ceuta se constituyó en cabeza de puente para un imperio luso en África, el primero de los ultramarinos, que vería éxitos y fracasos en Arcila, Tánger, Alcázar Seguer (donde fue cautivado el Infante D. Fernando, quien diera su vida porque no fuese entregada nuestra ciudad) o Alcazarquivir. La ciudad se transformó fortificándose su istmo. En tan estrecho recinto vivía una población compuesta por nobles, militares, religiosos y gentes de oficio, que combatían, convivían y a veces, también, redimían errores pasados. En ella nacerían Santa Beatriz de Silva y el Beato Amadeo; combatiría Luis de Camoens y trabajaría, como obrero, San Juan de Dios.

En 1578 falleció en la batalla de Alcazarquivir el Rey Sebastián. Felipe II había ordenado a D. Álvaro de Bazán que vigilara en el Estrecho las posibles represalias contra la ciudad, que pudieran conducir a su pérdida. No fue necesario y así, cuando se produjo el fallecimiento del Cardenal D. Enrique, el ya Rey Felipe I de Portugal pudo mandar al Corregidor de Gibraltar a tomar posesión de ella, tremolando el Pendón Real que hoy día conservamos, con las armas de España por una cara y las de Portugal por la otra, en un hermanamiento que continúa en la historia y los sentimientos de los ceutíes.

 

Ceuta española

Los Felipes (I, II y III de Portugal, II, III y IV de Castilla) conservaron la Plaza respetando sus instituciones, fueros y privilegios, pero cuidaron de forma especial que no le faltara el apoyo defensivo y de abastecimiento que podía ofrecer Andalucía con mayor prontitud que el Algarve. Si fue por estas prosaicas, pero no menos prácticas razones, o por las político-dinásticas de las que hablan las fuentes, lo cierto es que, cuando en 1640 se levantó Portugal para entronizar al Duque de Braganza como Juan IV, los ceutíes decidieron continuar bajo la corona de los Austrias, solicitando la incorporación a la Corona de Castilla con todas sus prerrogativas, fueros y privilegios, que le serían reconocidos al fin, con el tratado de Paz y Amistad firmado entre ambos reinos en 1668. Una autodeterminación por la españolidad que fue premiada con los títulos de Siempre Noble, Leal y Fidelísima, que se unió al de Ciudad, que ostentaba desde la sentencia papal de 1421.

El siglo XVII se va a cerrar con la declaración de un Cerco que impondrá el monarca Muley Ismail en 1694 y del cual no cejará hasta su muerte, acontecida en 1727. Es un período conflictivo en el cual surgirán nuevas fortificaciones exteriores para la defensa de la plaza, exigiendo la demolición de barrios enteros y el traslado de muchos de sus habitantes a la Almina, en lo que se ha dado en llamar la fundación de una nueva población. La guerra de sucesión supone, a su vez, una amenaza que dará al traste con la españolidad de Gibraltar, en 1704, salvándose Ceuta por la valentía de su gobernador, el marqués de Gironella. Consecuencia de la pérdida del Peñón será la aparición de varios núcleos de población como La Línea, San Roque y Los Barrios pero, sobre todo, la reconstrucción de Algeciras, asolada desde hacía cerca de dos siglos y cuyo proyecto tendrá como razón principal ofrecer un nuevo puerto de apoyo y abastecimiento a Ceuta.

Luego, con el afianzamiento de Felipe V en el trono, vendrá la remodelación del ejército, que transformará la guarnición; del Estado, que modificará la estructura tradicional de la economía local, basado en las tensas y moradías; y del urbanismo, en parte por la ampliación del recinto urbano aludida. Legalmente habrá también cambios: a pesar de la promesa de mantener sus privilegios, se elaborarán Reglamentos de Ciudad en 1715 y 1745, transformándose el Cabildo Municipal, para caer en manos del Gobernador, militarizándose todo.

Respecto a los aspectos antropológicos, la población se españoliza rápidamente, ya que los nobles que mantienen el poder son los primeros interesados en hacerlo, mientras que los que por el estatuto castellano no son autorizados a trabajar, se insertan en el ejército, el clero o salen de la Plaza. Las clases populares, por su parte, se adaptan rápidamente mientras que las minorías son las que sufren el cambio: Se reducen sensiblemente los contactos con Marruecos y los judíos son expulsados en 1708, aunque un siglo más tarde vuelven a aparecer, ante la impotencia de las autoridades religiosas. También en este siglo, en 1792 concretamente, se asienta una pequeña comunidad de argelinos y la Compañía de Mogataces, evacuados de Orán por nuestras tropas al temer que su fidelidad a España les llevara a la muerte.

Con los Borbones se refuerza la imagen de plaza fortificada y guarnición militar de Ceuta, pero también se gana en la de ciudad. América ya no es todo y volvemos la mirada a África. Se reconstruyen Catedral, iglesias y conventos; se levantan edificios públicos como hospitales, botica, veeduría, casas consistoriales, correo, estanco…; se urbanizan calles y plazas, se reforman jardines, se cuida el abastecimiento de aguas y se cambia la fisonomía de la vivienda privada. Pero no todo es positivo y así se sufren enfermedades contagiosas en 1721 ó 1743-44; asedios como el de 1791 y el refuerzo del penal, a comienzos ya del XIX

 

Ceuta cultural

En los últimos años, el perfil turístico de nuestro país ha cambiado notablemente. Ahora no son únicamente el sol, la playa y las compras, lo que hacen a un lugar atractivo para sus visitantes. Gracias a esa nueva visión, Ceuta puede permitirse el ofrecer un patrimonio natural, histórico y etnográfico envidiable.

La oferta local, en materia de patrimonio natural, se fundamenta en las panorámicas sobre el Estrecho, que nos permiten disfrutar de un espacio sorprendente, con vistas sobre dos continentes y tierras de tres naciones; en la confluencia de dos mares que producen maravillosos amaneceres y puestas de sol, sin que falten bosques por los que pasear ni playas en las que tomar el sol.

El patrimonio histórico cuenta con un magnífico conjunto monumental en las Murallas Reales, entre otros ejemplos de fortificaciones que van desde el medioevo hasta nuestros días. Además, contamos con numerosos museos, varios yacimientos arqueológicos visitables, templos barrocos y una notable arquitectura del siglo XX.

Asimismo, fruto de la convivencia entre las distintas comunidades étnicas y religiosas, contamos con un nutrido repertorio de festividades, que se combinan con las actividades que programan asociaciones e instituciones.  

Arqueologia

En el año 2.001 la Consejería de Educación y Cultura encargó a la Universidad de Cádiz la realización de la Carta Arqueológica de Ceuta. Gracias a éste trabajo se han descubiertos más de un centenar de yacimientos arqueológicos inéditos, de los cuáles se procedieron a investigar los que reunían las mejores condiciones. Debido a su inmenso valor histórico, de momento, no se pueden visitar los yacimientos que no tengan garantizada su protección y conservación. Sólo el Yacimiento Fenicio, y la Basílica Tardorromana están preparados para la visita.

Baños arábes

Este baño fue descubierto casualmente tras el derribo de unas viviendas. Se encontraba situado en el llamado por al Bakri (s. XI) «arrabal de los tres baños». Dos momentos pueden distinguirse en su construcción. Las tres salas conservadas a la izquierda que tienen cubiertas de bóveda de medio cañón y luceras rectangulares, que parecen corresponder al edificio más antiguo. A éstas se les añade, posiblemente, en el siglo XIV, un cuerpo rectangular con cubierta de bóveda de crucería y luceras estrelladas. Su estado hasta su reciente restauración daba una pobre idea de su primitivo esplendor. Diversas piezas de mármol recuperadas durante su excavación, debieron cubrir suelos y paredes dotando al conjunto de una notable monumentalidad.

Ha sido realizada recientemente una reconstrucción de su exterior y una restauración completa, recuperando gran parte de su belleza original y convirtiéndolo en un yacimiento-museo visitable.

  • Dirección:  Plaza de la Paz s/n ( Paseo de la Marina Española)

Yacimento Fenicio

Recientemente unas pruebas de datación con carbono-14 realizadas en Estados Unidos, han confirmado que el yacimiento hallado en Ceuta corresponde a la Época Fenicia, datado en el siglo VII antes de Cristo. Las piezas se han hallado junto a la fachada de la Catedral, estando considerados los más importantes de España, por los escasos datos sobre esta cultura en el país.

Dirección:  Plaza de Africa s/n

 

Monumentos 

Bateria de Valdeaguas.Batería de costa construida a finales del siglo XIX, con proyecto 1884, del Ingeniero Luis Sánchez de la Campa, para tres piezas artilleras de gran calibre. Desartillada en 1941 fue utilizada como almacén hasta que en el año 2000 fue entregada a la Ciudad Autónoma de Ceuta.

Dirección:  Monte Hacho  Carretera de Santa Catalina

Castillo del Sarchal.Pequeño castillo de vigilancia costera, que fue fortificado a comienzos del siglo XVIII. Sin embargo, a finales de esa centuria ya estaba cuarteado, por lo que se decidió su demolición, que sólo se comenzó con una pequeña voladura que dio lugar a la parte desprendida bajo el mismo. A mediados del siglo XIX comenzó a utilizarse como prisión, luego como lavaderos y de nuevo como cárcel de mujeres.

Dirección:  Monte Hacho  Ensenada del Sarchal

Murallas Reales.El conjunto lo forma el Foso Real con su escarpa y contra-escarpa y actualmente dos líneas de fortificaciones, la primera formada por los medio-baluartes de Santa Ana y San Pedro a finales del siglo XVII y la segunda con la contraguardia de S. Javier, el revellín de S. Ignacio y el ángulo de S. Pablo, aparte de la plaza de armas y foso seco de la Valenciana. Ejemplo de la fortificación abaluartada de la época está llamado a albergar el equipamiento museístico local, teniendo ya en él el Museo de las Murallas Reales, en el revellín de S. Ignacio.

Dirección:  Avenida  Avda. Martínez Catena o Avda. González Tablas   s/n

Fortaleza del Hacho.Ciudadela levantada en principio en el siglo XII por orden de Almansur, en la actualidad conserva una serie de lienzos con torres semicirculares, posiblemente del siglo XVI, que cierran varios baluartes construidos durante el siglo XVIII. En su interior tiene varios edificios, el principal de ellos utilizado durante varios siglos como prisión, contándose entre sus ilustres ocupantes algunos patriotas americanos en el siglo XIX. Su última utilización carcelaria se redujo a prisión militar, estando dedicada en la actualidad a acuartelamiento artillero.

Dirección:  Carretera  del Monte Hacho  s/n

Cruceiro.Desde que en 1935 se fundara el Lar Gallego esta comunidad regional ha tenido diferentes locales. En 1977 el Ayuntamiento decidió otorgarle los que hoy tiene en esta plaza para que siguieran funcionando como Centro Gallego. Un año antes, el Centro había regalado a la ciudad este cruceiro que fue ubicado en la plaza de Santiago, ante el medio-baluarte de San Pedro, donde permanece hasta hoy, formando parte de unos jardines diseñados por el entonces arquitecto municipal Jaime Antón-Pacheco García. Es obra del escultor gallego José Cao Lata.

Dirección:  Plaza  de Santiago   

Playas y Parques marítimos

La Costa de Ceuta: una desconocida y exótica costa llena de belleza y vida, alejada de toda masificación.

Playas o Parque Marítimo, con todas las ventajas del agua salada, para disfrutar sólo o con niños. Calas y acantilados solitarios en dos mares: un lujo para bañarse y tomar el sol a cualquier hora de día.

Ceuta posee varias playas en pleno Centro Urbano. En aguas mediterráneas, a un paso de la Plaza de África y certificadas con la bandera azul por la calidad de sus aguas y primeros servicios. Con todas las comodidades de una ciudad europea moderna: instalaciones deportivas, accesibilidad para sillas de ruedas, duchas, pasarela de acceso, puestos de socorro, vigilantes, sombrillas.

 

Parque Marítimo del Mediterraneo 

Este centro de 56.000 m2 diseñado por César Manrique sobre terrenos ganados al mar, está dedicado al baño, al ocio, al deporte y al relax. 18.000 m2 de agua salada bombeada desde el mar, repartidos en tres lagos rodeados de vegetación exótica e impresionantes cascadas. 38.000 m2 de solarium, con jardines tropicales y un circuito botánico salpicado de esculturas móviles.

Dirección:  Avenida  Compañia de Mar  s/n

Naturaleza

Ceuta es un lugar único donde se funde el aire puro de dos mares, Mediterráneo y Océano Atlántico. Un pequeño paraíso muy peculiar con amplias zonas de espacios verdes, protegidas para poder contemplar numerosas especies animales. En el monte o bajo el agua, aquí la naturaleza es un espectáculo donde disfrutar a cualquier hora. Esplendorosos atardeceres y puestas de sol, dan a la ciudad una luz única que impresiona a todos los visitantes.

Fauna y Flora

La orografía ceutí está dominada al oeste por las estribaciones de Sierra Bullones, con las mayores altitudes de la ciudad: Monte Anyera con 345 metros, y el Monte del Renegado con 329 metros. Estas estribaciones se van prolongando hacia el este hasta la zona más baja, ya en el núcleo urbano, que cruza el Foso Real y se introduce en la península Almina, dominada en su zona más oriental por el Monte Hacho, con 204 metros sobre el nivel del mar.

En éstas dos zonas de monte la flora ceutí la integran unas 500 especies, predominantemente mediterráneas y macaronésicas: pinos, alcornoques, arbusto bajo, eucaliptos…

La fauna ceutí, a pesar de lo reducido de su extensión es rica y variada. A destacar los elementos exclusivamente norteafricanos, no presentes en la Península Ibérica: la salamandra norteafricana (Salmandra algira), la culebrilla ciega tangerina (Blanus tingitanus), la rana magrebí (Rana saharica), el lagarto ocelado norteafricano (Lacerta pater), el eslizón rifeño (Chalcides colosii) y el eslizón tridáctilo norteafricano (Chalcides pseudostriatus), todos ellos auténtica joyas zoológicas de Ceuta.

En total 5 especies de anfibios, 18 especies de reptiles y hasta 17 especies de mamíferos, a destacar por ser exclusivamente norteafricanas: el ratón rayado (Lemmiscomys barbarus), el lirón careto norteafricano (Elyomis mumbyanus) y el puercoespín (Hystrix cristata).

En cuanto a las aves se han censado alrededor de 40 especies, cuyo número y efectivas poblacionales se ven incrementadas con las especies estrictamente invernantes. A destacar el espectacular paso migratorio de aves, sobre todo rapaces y cigüeñas blancas.

Por último destacar 2 especies de escarabajos (coleópteros), estrictamente autóctonas de Ceuta: el ‘Euserica Cambeloi’ y el ‘Chasmatopterus zonatus’, el primero propio de alcornocales y el segundo asentado en las laderas del Monte Hacho

Montes y sendentarismo 

Ceuta goza de zonas de monte a ambos lados del núcleo urbano, rodeadas de mar azul y aire puro que dotan de carácter a la ciudad y posibilitan la práctica de numerosos deportes y el disfrute de una naturaleza plenamente integrada en la urbe.

Con una altitud máxima de 204 metros sobre el nivel del mar, es la zona más frecuentada por los ceutíes debido a su proximidad con el núcleo poblacional. Está coronado por una fortaleza del mismo nombre que es uno de los elementos visuales más característicos de la ciudad, tanto de día como de noche, con su iluminación monumental. Utilizada hasta 1.981 como penal militar, su forma actual responde a la época portuguesa. La fortaleza rodea todo el monte, de forma casi circular, con estribaciones más bajas hacia el sur.

La carretera del Hacho rodea todo el monte y está dotado de un carril peatonal frecuentado por numerosos deportistas y paseantes que pueden disfrutar, a la vez que pasear, de numerosos puntos de interés:

Parque de San Amaro.
– El
Monumento del Llano Amarillo, de estilo ArtDecó, trasladado aquí desde Marruecos.
– La
Sirena de Punta Almina, continuando por la parte norte del carril peatonal, un edificio hoy abandonado, con preciosas vistas de acantilados.
– El
Faro de Ceuta.
– El
Castillo-Museo del Desnarigado.
– El
Mirador de San Antonio (por la carretera que se desvía).
– El Camino de Ronda.
– Las fortificaciones defensivas.
– El
morabito de Sidi Abbas.

 

Otros datos

Con acceso para minusvalidos

Accesos: Desde Barriada de San Amaro en Bahía Norte, y desde Barriada Sarchal en Bahía Sur.

Servicios

Dos Rutas Senderistas:
Dar la vuelta al Hacho, por la carretera de circunvalación, con la posibilidad de desviarse al Mirador de San Antonio.(1h. 45min. aprox.)
Subir por el sendero del Parque de San Amaro.(45 min. aprox.)

Delfinoterapia

Los cetáceos y en particular los delfines siempre han causado una atracción irresistible al hombre (especialmente a los niños), hasta tal punto que se utilizan no sólo para pasar unas magníficas jornadas contemplando en directo su gracilidad de movimientos y siendo testigos de sus interminables ganas de jugar, sino que también se emplean a modo de terapia para el tratamiento complementario de niños disminuidos psíquicos con autismo, parálisis cerebral, síndrome de Down… consistente en sesiones de contacto directo con delfines, nadando entre ellos y recibiendo emisiones de infrasonidos que estos animales emplean en la comunicación y la orientación y que se denomina ecolocalización.

 

Hoy en día estas actividades se han extrapolado también a los adultos y a otros casos como depresiones, adicciones, oncologías, etc, y que tan magníficos resultados están dando en aquellos sitios en los que se realiza la delfinoterapia, tanto en cautividad como en mar abierto

Septem Nostra
Asociación para la defensa, estudio y difusión del Patrimonio histórico y natural de Ceuta
Dársena Deportiva s/n
Ceuta 51001
Tel.: (0034)679 159 529 / 660 295 270 / 606 231 873
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